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Caratula 

Veinte días antes de la salida...

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Toda historia tiene un comienzo, pero no siempre podemos saber exactamente cuándo es el inicio, quizá es que los "porque" son muchos y con diferente data...

Hace años mis hijos eran chicos y de alguna forma fue posible que tuviéramos motos, nada especial, pero nos permita movernos en manada en los bosques locales, y en la semana reparar lo que se rompía, creando el sueño de la próxima aventura descubriendo senderos que nos llevarían a crear un mapa en la mente que cuadriculaba el terreno que nos rodeaba. Nacía también un lenguaje específico, compuesto de nombres y adjetivos que nos daba con precisión el lugar al que nos referíamos. Con el tiempo nos hicimos diestros en conducir, en el ripio, en el hielo, el barro y la nieve. Durante todo ese tiempo nuestras rutas eran de tierra, así que de asfalto nada.

Van pasando los años, quizá muchos y la idea de hacer algo de ruta, se torna en una dulce sensación y al mismo tiempo un escalofriante desafío.

Hubo un tiempo en que la quimera de hacer la famosa ruta 66 de USA, cruzando el país de costa a costa, con motos alquiladas fue una idea que nos desbordaba, pero nuestra situación económica nunca nos permitió tener acceso, luego la vida va creando senderos diferentes, los hijos comienzan a ser padres, y los padres en abuelos y quieras o no aceptarlo en ancianos o en camino de serlo.

Creo que esto es solo una sombra de las que se dibujan en el telón de fondo en esta historia. Seguro que mientras escriba iré viendo alguna más.

No viene al caso como con el tiempo me fui juntando con alguna moto y maquinas semejantes. El tema es que 2015 sería el año en que podría ver la posibilidad de hacer ruta... de rodar macizo. Así fue que un día decidimos ir hasta el paraje La Esperanza a tomar un café y volver.

http://www.senderosdelsur.com.ar/s/bitacora/rio-turbio/2015/86-dos-ruedas-un-deseo

En este Link se encuentra detallado todo lo previo a este relato.

Dos amigos Javier y Enrique ya tenían una experiencia anterior en hacer ruta mixta, y estaban planificando para esta temporada una salida más exigente. Cuando me quise dar cuenta ya estaba pensando en el equipo de mi moto, tan importante para mí como el viaje mismo, instalar, prever, eran parte tan importante como la moto en si y disfrutado con máxima intensidad, también estaba yo con mis 64 años y los achaques, me figuraba situaciones pero ninguna me aseguraba que podría hacerlo, iban a ser casi 6000 Km de algo que no había hecho jamás en mi vida, ya no sería una dura experiencia de tres días sino una sucesión de 17 a un ritmo no experimentado aun por mí.

La fecha estimada era en la primera semana de Setiembre, luego por diversas razones se fue corriendo hasta el 12. La moto ya había sido cargada y descargada un par de veces, como lo hicieron los baúles, controlando los pesos y tratando de dejar al azar lo menos posible, aunque siempre el imponderable sabemos que estará presente.

La previsión meteorológica para esos días y en la zona de tránsito era patética, vientos muy fuertes con ráfagas de 92 Km en la hora, Casi desde Rio Turbio hasta Gobernador Gregores pasando por Tres Lagos.

La fuimos peleando hasta llegar a Tres Lagos. En la entrada a la estación de servicio "tramo de ripio suelto" mi desconfianza y el viento me dejaron con la moto acostada sin opción de poder levantarla hasta que llego Enrique y quedo en condiciones de marcha, hicimos combustible y comimos algo antes de retomar la ruta. Yo con mi mayor desconfianza salí a la ruta pavimentada por el camino más corto que involucrara ripio y vi que Enrique cortó por la vía de ripio que evita el nuevo trazado de algunos kilómetros de la R40 que atraviesa ahora la localidad de Tres Lagos.

Siendo de ese modo, mi camino mucho más largo, ponía virtualmente a Enrique delante de mí en la ruta, hay en el trayecto hasta la zona del Lago Cardiel un buen pavimento luego vienen unos Km de tierra, adelanté todo lo que pude en tiempo sabiendo que no alcanzaría a Enrique ya que marcha más rápido que yo, Cuando llegue a la tierra, respire profundo como resignándome a esos 70 u 80 Km, pude hacer un promedio de 50 Km/h hasta que un estrepito en la parte trasera de la moto me hizo pensar en detenerme para investigar, el tema más delicado era parar con terrible viento, bajarme sin caerme y luego de verificar subirme con éxito. Busque entonces un lugar donde detenerme, tratando que el viento me sostenga, me acomodo para bajar y para mi alegría, estaba pie en tierra y seguro, compruebo entonces que el cortaspray no estaba, solo quedaban dos de los soportes. Sin duda era un daño no funcional y secundario. Me apronto a subir a la moto, y lo logro con algún esfuerzo.

Luego de marchar unos cientos de metros apareció un ruido en el tren trasero nuevamente, deduje que el corta spray había sido llevado por el mismo giro de la rueda al interior del guardabarros. Nuevamente busco donde detenerme, y desciendo sin problemas, a esta altura de la tarde ya había poca luz, sin ver metí la mano en el fondo del pasarueda saque el cortaspray y al ponerlo en el piso el viento se lo llevo unos cuantos metros a los tumbos por el camino.

La maniobra era ahora subir a la moto y continuar la marcha tratando de alcanzar a Enrique, al momento de subir   el viento corto el empuje que hacia sobre mi logrando que la moto se viniera encima y me atrapara la pierna izq., como el ripio estaba algo suelto moviendo la pierna se fue ahuecando y pude retirarla. Intente un par de veces levantar la moto pero había quedado en una posición incómoda y con la muleta baja lo que entorpecía más la situación, el parabrisas se habia golpeado en uno de sus soportes haciendo que se rompa quedando una peligrosa cuchilla, baje el riesgo rompiendo la punta amenazante, el viento hacia que el frio penetrara por cualquier hendidura de la ropa, en la caída se me habían soltado los tiradores, lo que hacía que fuera importante la ventilacion extra sobre la cintura al estar el pantalón cayéndose constantemente. Me saque los tiradores he improvise un arnés de cuello para ayudarme con la moto, después de un rato de intentarlo, no tenía más tiradores, ni aire. Solo me quedaba esperar que alguien pasara y me ayudara a levantar la moto, la luz de la tarde se acababa y en el horizonte no veía un solo indicio de vehículo acercándose.

Cuarenta minutos después, muy lejos al sur, una luz... yo tenía en mano una linterna de gran alcance, hice un disparo del tipo strobo para llamar la atención, diez minutos después aparece Enrique que en realidad venia tras de mí al haberse caído en la salida de la estación de Tres lagos en la cortada de ripio, y tardo en conseguir ayuda para levantarla. Después de buscar como estacionarla sin que el viento la tire, intentamos un par de veces claudicando en los intentos, nos repusimos e insistimos nuevamente, cuando ya dijimos basta, apareció en un nuevo intento con más fuerza que las nuestras y la moto ya estaba de pie, me acomode las ropas y monte con la ayuda de Enrique, el tiempo acostada complicaba el arranque, después de varios intentos cortos se dio casi en el límite de la batería, así otra vez en marcha y tratando de recuperar algo de tiempo. En teoría Javier estaría en la cabaña contratada en Gregores ya que él había viajado desde Rio Gallegos después de hacer el service de su nueva moto. Hicimos el áspero tramo de ripio de la zona del Lago Cardiel, el que mostraba huellas de haber estado húmedo por lluvia de los últimos días.

 

vm133Por fin se terminó el ripio y recomenzó el asfalto, y nuestro promedio, Enrique me espero en la entrada de Gregores para hacer la guía hasta la cabaña, en esta nos estaba esperando Javier lata en mano, nos acomodamos nos bañamos y comimos algo, luego dormir, la mañana siguiente nos esperaba temprano, el cuerpo dolía un poco donde sabia me había golpeado y en otros lugares donde me daría cuenta por los moretones un tiempo después.

Era la mañana segunda del viaje, mire mis pies y no estaban hinchados era buena señal saber que me podría poner las botas sin mayor problema. El tramo de ese día no sería tan largo, iríamos solo hasta Perito Moreno, era una forma de suavizar el arranque del periplo por lo menos para mí periodo de adaptación. Aproveche a desmantelar lo que quedaba del parabrisas, guardando los soportes, unico recuperable.

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Sin mayores inconvenientes llegamos a Perito y nos cruzamos con "Juan" personaje de la farándula motoquera local, resultando ser unos de los promotores y organizadores del encuentro de Los Antiguos recientemente comentado en Senderos del Sur, compartimos un café en la estación de servicio, y raudamente nos ubicó unas cabañas en alquiler en trato directo con sus dueños.

vm54Después de cenar abundante y rica pizza dormimos hasta la mañana siguiente, el destino Esquel se acorto a Gobernador Costa, llegamos en horas de la tarde con lluvia y nieve, conseguimos alojarnos, en un pequeño complejo que por suerte nos permitió tener las motos bajo techo.

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Después de bañarnos y cambiarnos con ropa de civil y preguntando donde podemos comer... Nos dicen y... Van a tener que ir a lo del "Petiso", remis por medio allá fuimos. El lugar tenía cara de parrilla, ordenado y limpio unas veinte mesas aproximadamente, nos ubicamos en una mesa de cuatro, veo que se acerca a nosotros un personaje bajito, pinta de gallego con un andar de lado a lado simpático, después del saludo y algún otro intercambio, como de donde vienen, Javier advirtiendo la parrilla, pregunta sobre alguna tira de asado, o parrillada, este personaje lo mira y dice... primero la sopa del petiso y después los bifes del petiso, como no sabía cómo venia la mano me adelanto y digo vale... primero la sopa, Enrique y Javier dijeron bueno sopa, casi en un pestañear vino una muchacha con una sopera del tipo que hacía muchos años no veía, nos servimos abundantemente, estaba muy rica, se trataba de una suculenta sopa de verduras. El Petiso cada tanto se acercaba a la mesa con alguna anécdota de su persona o del lugar, que hacía más amena la cena.

Antes de servir los bifes nos contó un poco del tema de como los cocina para que estén jugosos y a punto, repitió varias veces... jugosos y a punto.

Llegaron los bifes y estaban jugosos y a punto, minutos después en un gesto de compartir conocimiento "el petiso" trae una bandeja con más o menos tres kilos de bifes a los que trataba desde la mañana con sal para darle tiempo a que la carne se impregnara profundamente, dándole el gusto que reconocimos como bueno. Después del postre emprendimos la retirada previo paso por cajero.

En la previa de dormirme pensaba que cada vez estaba más lejos de casa, que las posibilidades de volverme eran cada vez más remotas, solo no podía hacerlo, tenía alguna dificultad para subir y bajar de la moto y dependía de la asistencia de mis compañeros de viaje, la posibilidad de contar con alguna alternativa para volver era inviable, empiezo a darme cuenta que para volver tenía que alejarme cada vez más, era algo difícil de resolver.

La mañana me encontró algo más decidido y comencé cortando algo de cuerda para fabricarme algo así como tiradores para que el pantalón no se cayera, lo mismo que hacer un corte en las botamangas que me permitiera colocarme las botas con menor dificultad.

Después de desayunar en la estación de servicio pusimos proa a Esquel esperando tener algún grado más de temperatura, hasta el momento viajábamos entre los 2 y los 6 grados centígrados, recién de los seis para arriba se tornaba agradable con el apoyo de los puños y chaleco calefaccionados.

En el approach a Esquel la presencia del verde acariciaba los ojos y el alma, era la primera sensación concreta de haber cruzado y salido del desierto.

Javier anticipo el movimiento y se adelantó en busca de alguna cabaña, llegamos con Enrique y esperamos el contacto con Javier, en algunos minutos llego y fuimos hasta el lugar donde nos alojaríamos. Un complejo de cabañas muy bonito, y seguro.

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Obviamente descargamos nuestros bártulos y nos acomodamos convenientemente. Era temprano así que después de un buen baño y cambiarnos fuimos a caminar por el centro, hicimos un alto en un café donde pudimos tomar buen café y hacernos de alguna porción de torta y de un espectacular Lemon Pie.

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Luego caminamos mirando vidrieras y buscando un par de zapatillas para mí, ya que las que había llevado pensando solo en ocupar el menos espacio posible eran tan finitas que podías discernir si la moneda que pisabas era cara o seca, lo que hacía muy difícil caminar cuando la superficie era irregular.

También pude conseguir un par de tiradores, que si bien nada que ver con los que tenía, con una buena adaptación me permitiría no andar con los pantalones a la rastra.

Fuimos a comer a un lugar recomendado "La Montaña" bueno pero injustificadamente caro. Volvimos y a dormir entre esa noche y el siguiente día que permanecimos en el lugar pude reponerme en casi 18 horas de sueño reparador.

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Ya se empezaban a borrar los hematomas de algunas caídas en la odisea del Cardiel. Pude adecuar mis tiradores y otros aspectos de mi indumentaria que me incomodaban. Esa noche fuimos a comer a una casa especialista en pastas ¨Chichino¨que estaba cerca de las cabañas y que Enrique conocía.

Comimos unas pastas maravillosas y a pesar de las buenas pintas de cerveza negra artesanal el precio fue moderado.

La mañana de la partida de Esquel fue más relajada, me pude poner las botas con mayor facilidad, podía moverme sin que el pantalón se bajara, y algún otro detalle. El equipaje lo había redistribuido logrando algo más de lugar y balance.

Próximo destino Bariloche, el camino se tornaba trabado, mi velocidad no era ni cerca la de mis compañeros, por momentos pensaba que los demoraba y entorpecía su derrotero con las paradas no previstas.

Y es que por momentos me metía en el paisaje apenas algo de ruido del aire en el casco, el viento era poco casi nada, de pronto al bajar la cabeza miraba el velocímetro y estaba clavado en 80 km/h, apuraba un poco la marcha, y luego otra vez dentro del paisaje... Siempre hay un momento para alguna lágrima, mezclado con el paisaje estaba el sol poniéndome sombras a izquierdas y derechas según marchaba el camino, mi sombra aparecía en un lado o en el otro, sin importarme la velocidad quede en ese status casi alucinante, fue entonces cuando la mente recreo sombras a ambos lados como de alguna manera mostrarme a quienes quisiera tener a mi lado en ese momento, en ese lugar.

Con mis hijos viví un sinfín de aventuras memorables, por eso digo al que este leyendo... entender lo importante que es vivir junto a un sueño, a un deseo. Sin importar que se trate de un juego de bolitas, o de salir a buscar el tesoro de un galeón hundido, el tema es hacerlo juntos. El casco comenzaba a empañarse, acelere para tener más aire dentro de él, una gran nube cubrió el sol y quede solo en la ruta, en mi corazón estábamos todos.

Epuyen, El Hoyo, ya nos arrimábamos a El Bolsón hicimos un alto por combustible y para comer algo y seguimos viaje a Bariloche, entramos por la ribera alta, me llamo la atención la edificación precaria por algunos kilómetros hasta acercarnos a el acceso a la ciudad, la policía de control nos advirtió de no detenernos ni dejar las motos estacionadas.

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Así fuimos entrando en el tránsito de la cuidad, bastante denso por cierto, en una esquina con derivador, al detenerme no hago pie correctamente y me caigo contra la moto de Enrique tirándolo a él también al golpearlo con mi cabeza en unas de sus maletas laterales, la policía presente en el lugar, acudió en nuestra ayuda en forma inmediata, derivando el transito sin que se entorpezca. Corrimos las motos hacia la acera, y después de charlar de cosas como de dónde venimos y a donde van, dijeron; que necesitan? explicamos que la prioridad era ubicar una cabaña, fue entonces cuando mano en alto dijo sargento traiga la patrulla, así fue que ingresamos atravesando todo el centro de Bariloche detrás del patrullero que nos guio hasta la zona donde podríamos alquilar algo. Nos despedimos sobre la avenida costanera, angosta, casi sin banquina, de un lado la orilla del Nahuel Huapi y del otro el pie del cerro conteniendo las hermosas edificaciones, la gran mayoría hotelería de primer nivel. Nos costó un rato encontrar un buen alojamiento, disponible, otro rato cruzar la calle con las motos y subir los serpenteantes senderos hasta el alojamiento.

El lugar que ocupamos hermoso en realidad, nuestra sala de estar, con un gran ventanal nos dejaba ver el lago con todo su esplendor, la puerta daba a un deck con mesa y sillas, un lindo lugar para estar con jardines y dos Border Collie muy juguetones.

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Remis por medio esa noche fuimos hasta el centro cívico, hicimos unas fotos típicas de Bariloche.

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Nos encontramos cenando en un restaurant de la Flia Weis de muy buen nivel, y sorpresivamente módico en sus precios. Luego de cenar y hacer sobremesa, caminamos unas cuadras hasta una parada de taxi y a dormir.

No amanecimos temprano, fue una mañana relajada, desayunamos en una estación de servicio cercana a la que fuimos a pie.

Ya listos para salir mis amigos se aseguraron de encontrar una vía con los menores problemas de tránsito y así evitar otra asistencia policial.

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Salimos de Bariloche prolijamente y sin problemas... Próximo destino San Martin de los Andes aquí tomaríamos un tramo de ripio que nos llevaría por el escénico de los siete lagos, todo el camino envuelto en espesa vegetación, quizá en mi opinión mucho ripio suelto lo que dividía la atención un tanto al camino y otro al paisaje, andar en dos ruedas tiene sus cosas buenas y de las otras también.

Primero tendríamos en nuestra traza, el transitar por Villa la Angostura donde seguramente nos detendríamos por combustible y comeríamos algo, me gustaron los alrededores y el lugar en sí. Cruzamos las tres o cuatro cuadras que hacen el centro, hasta el cruce donde se encuentra la estación de servicio, una de las tantas necesidades que cubría las estaciones de servicio era la conexión de WiFi imprescindible para la actividad del WhatsApp y del Life360 (programa de ubicación geográfica).

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Próxima parada San Martin de los Andes... Javier se anticipó para contratar el alojamiento, ocupamos un departamento de un complejo ubicado a pocas cuadras del centro y del lago, lo que nos permitía movernos a pie sin problemas, por suerte las motos quedaban bajo techo, el lugar era amplio y bien equipado. Llegamos a la tarde temprano, lo que nos permitió ocupar el lugar y después de asearnos salir a caminar por el lugar, muy lindo en su rustico estilo de piedra y madera, con sus comercios apuntados a los deportes invernales dada la proximidad de pistas de Ski, más en vistas que en los lugares que veníamos visitando habían extendido la actividad hasta fines de Octubre.

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Buscamos un restaurant donde comer después de dar unas cuantas vueltas y terminamos en un lugar que nos atrajo por la disposición de la publicidad pero no fue nada del otro mundo.

Dormimos bien, en la mañana temprano Javier salió a dar un vueltín que para hacerla corta término en un reencuentro por la zona de Pehuenia. Nosotros permaneceríamos en San Martin hasta la mañana siguiente, salimos con Enrique hicimos algunas fotos en la zona del embarcadero del lago y fuimos al centro a almorzar. Acomodamos bien nuestro equipaje ya que al día siguiente iríamos hasta Alumine por un camino que bordea el rio del mismo nombre y que desconocíamos su estado. Así cruzamos Junín de los Andes y como que nos enredamos en el transito hasta encontrar la vuelta para encontrar nuestra vía.

Creo que puedo calificar el camino como el más vistoso, con el río siempre a la vista y este corriendo con tremenda potencia, el camino... la huella... el sendero porque tiene de todo casi siempre es al borde del rio sin ser cornisa, muchos asentamientos Mapuches, impresiona ver corrales y viviendas instaladas en planos inclinados naturales del cerro.

De derechas a izquierdas arriba, abajo, a nivel del rio, desde la altura, formaciones rocosas extrañas y alucinantes, como del Jurásico, es increíble la dinámica del entorno, a mi criterio mucho más desafiante e impactante que el tramo de los siete lagos rustico.

Fuimos en busca de combustible a la zona de Pehuenia, el surtidor de combustible un tanto escondido en la espesura de los bosques locales aun así lo encontramos y nos abastecimos y nos reencontramos con Javier. Más adelante pasamos el núcleo de la Villa tomando rumbo al Paso de Icalma este paso fronterizo nos permitiría llegar a Villarrica (Chile).

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A esta altura del viaje, ya casi empezaba la vuelta, aun no lo sentía como una baja en la presión de mi viaje, si bien físicamente respondía mejor no dejaba de darme cuenta que era como una pila recargable con muchos ciclos encima, traduciendo la analogía, podía recuperarme rápido físicamente pero el resultado de la recuperación no tenía el rendimiento esperado.

Por otro lado de las cosas mi yo actor de los hechos estaba fuera de sincronismo con mi yo espectador, es como si se hubieran fusionado en uno solo quitándome la posibilidad de observarme críticamente. Salvo en ocasiones como algunas que mencioné, el pensamiento durante la marcha se centraba, en la temperatura, el régimen de marcha, el sonido del motor, el tipo de textura del piso, si estaba mojado o seco, la visibilidad, el anticipar la maniobra, la funcionalidad de la ropa que tenía puesta, la perdida de temperatura del cuerpo, por fallas técnicas y mala elección de indumentaria, al pensar que se viaja a mediados de Setiembre con temperaturas acordes a la época del año y eso termina siendo solo una teoría.

El pensamiento de llegar y nunca más, se cruzó en un par de oportunidades, pero siempre peso más, el desafío de hacerlo diferente y mejor. De explotar este viaje para que sirva como fuente de lo que sirve y de lo que no, lo que sobro y lo que falto.

Por sobre todas las cosas tener claro cuál es el espíritu del viaje, de hecho no puede ser diferente a los principios de vida, respirar todo el aire, beber todas las aguas, guardar todos los paisajes y cada punto del camino, observar a todas las personas, quizá algún touch ocasional si hiciera falta. Traerte todo eso de vuelta como parte nueva de lo que sos... para eso saliste. Me pregunto entonces cual es la diferencia entre ir en colectivo o en auto o en cualquier otra cosa, creo que tiene que ver lo expuesto y desprotegido que te encontrás ante todo.

Cuando escuchas la respiración dentro del casco y se parece más a la de Dark Vader que a la que tenías reconocida como tuya. Cuando paras a acomodarte la ropa por frio y te ves en el espejo con una estúpida sonrisa producto del goteo de la nariz que se fue congelando junto al bigote. O como cuando tenía que parar esperando mantenerme arriba de la moto, o llegar a algún lugar y esperar que me dieran una mano para bajar y luego subir. Creo que cada una de estas cosas y otras tantas te ponen en posición de observarte y sacar las conclusiones de que tanto la estas llevando.

Mientras voy escribiendo, la moto se va alistando para algún viaje, queda reponer las cubiertas que se gastaron, cambiar las cámaras, en particular la delantera que sufrió un pinchazo km antes de Gdor. Costa perdió 2 Lbs y luego el Slime lo obturó, al día siguiente repuse el aire volviéndola a 22Lbs estando así a la fecha. El sistema de control de presión funcionó correctamente, con sus alertas y avisos.

Quizá lo más complejo que me quede por hacer es bajar unos 3cm el despeje para tener mejor control de la moto al poder apoyar más los pies en el piso, importante al momento de detenerse cuando estas cargado o hacer radios cerrados a muy baja velocidad.

Buscar un mejor lugar para el GPS, que sea más visible y operable, reparar un conector de encendedor (GPS) que se desarmó en los primeros tramos de ripio.

Mejorar las conexiones eléctricas del chaleco y pantalón, la caja distribuidora presento varias fallas.

Reparación de chaleco, falso contacto internos provocaron quemaduras menores en el abdomen, era difícil en su momento discernir el origen de la molestia mientras andabas, y la temperatura externa no sugería apagarlo. Quizá sea conveniente y más seguro contar con uno nuevo, y dejar este reparado para salidas locales. No me quiero olvidar que vendría bien algunos kilos menos, míos no de equipaje.

Bueno volviendo a la ruta... de Pehuenia al paso de Icalma (Chile) fue tirar para arriba, llegando primero a nuestra frontera con instalaciones de GN y Afip (Aduana) casi precarias en medio de masas de nieve en retirada haciendo la trocha húmeda y de banquinas fangosas. Tramite mediante seguimos avanzando al encuentro del lado Chileno...

Luego de cruzar la frontera Chilena y por consejo del personal del lugar se nos indicó como lugar apto y razonable para terminar el día al poblado de Lonquimay, Por ser el más lento del grupo salí primero, sabiendo que en minutos me alcanzarían, la cartelería inmensa no daba lugar a dudas, cuando el asfalto acabo, de pronto la nada se empezó a hacer cargo del paisaje, bajé más mi baja velocidad, pues nadie me había alcanzado aún, hacia donde miraras... nada, ni un signo como cables torres de alta tensión... simplemente nada ya con más de 40 minutos de marcha pude ver a lo lejos un colectivo, al acercarme vi una cantidad importante de gente con bultos descendiendo del micro, pensé en preguntar, a riesgo de caerme por el ripio suelto cuando vi un pequeño cartel que indicaba Lonquimay a la izquierda de mi rumbo, acomode la moto para el giro y al borde de caerme pude doblar... el único cambio fue que el camino era más angosto, sin referencias y con mucho ripio suelto, después de andar un buen rato, veo un puntito rojo bastante adelante, acelero lo que podía y me fui acercando, hasta un punto en que pude identificar la caderosa figura de la Suzuki de Javier, cosa que me resulto rara ya que el venia tras de mí, su marcha era más lenta que la mía por el ripio que venía castigando los radiadores de agua y aceite. Fijamos un ritmo de marcha y seguimos avanzando por la huella ahora transformada en bosques de Araucarias en un paisaje nevado dejando nuestro serpenteante sendero como dibujado a mano alzada en un blanco papel. Más adelante encontramos una familia con chichos que jugaban en la nieve y preguntamos cuanto faltaba para Lonquimay... la respuesta no se hizo esperar... 40 minutos dijo, escuchándolo así parece no tener precisión y de hecho no tiene... pero más o menos a los cuarenta minutos llegamos a una ruta pavimentada que nos llevaría a el poblado buscado, para todo esto Enrique parecería haber sido abducido en alguna parte del misterioso camino. Hicimos unos kilómetros sobre esa ruta y llegamos al cruce que nos llevaba al pueblo de extraño diseño ya que el acceso era una recta de un par de kilómetros para terminar en una urbanización casi circular. Al llegar cruzamos algunas palabras con Javier, para ver qué haríamos, lo más lógico era encontrar alojamiento, cosa que si Enrique llegaba tarde ya tendríamos algo armado. Dimos unas vueltas en el pueblo en busca de cabañas y mientras Javier negociaba veo por el espejo retrovisor a Enrique... se acerca y me dice... ya tengo cabaña!!. No entendía nada y fuimos a la cabaña, muy bonita y hecha con buen gusto, Enrique comenta que ya hacía rato estaba en Lonquimay, pero nunca pudimos entender como se cambió el orden de nuestras posiciones entre la salida y la llegada, supusimos varias alternativas, pero ninguna convincente, la más aventurada era que habíamos transitado por algo parecido al triangulo de las Bermudas, versión Chilena en ripio.

Nos instalamos cómodamente, baño de rigor, la noche se anticipaba fresca y la escasa calefacción (leña) cosa que ya sabíamos en vista de la falta de gas por red en gran parte de Chile, entonces la duración de pocas horas hace más frescas las mañanas. En el caso particular de este poblado, no hay Internet, y la telefonía es escaza solo hay Internet/WiFI en la plaza del pueblo la que es gratuita. Y se puede ver la concurrencia todos abocados pacientemente a establecer conexión.

A la hora de cenar nos enviaron a la vuelta una cuadra y entre medio de cuecas (hacia unos días se había celebrado la Independencia 18 de Setiembre) se acerca la señora que atendía el lugar y al consultar por la cena, nos dio como opciones de comida... (lo que quedó en la olla) que lejos de ser un plato típico era eso... lo que quedó en la olla, lo acompañamos con cerveza y chau, todo bajo la escrutadora mirada de unos guasos con sus ropas típicas que apoyados en la barra eran el testimonio y resabio de los días de festejo.

A la mañana siguiente tomamos rumbo a Curacautin lo que nos llevo a encontrarnos con algo parecido a un peaje pero de dos carriles, después de pagar fuimos avanzando por turnos, primero paso Javier, luego Enrique y finalmente yo, a los pocos metros entendí de que se trataba era ese peaje el que administraba el acceso al túnel "Las Raices" que siendo de una sola mano debía hacerse de esa manera. Nadie me había comentado nada a modo de darme ese regalo sorpresa.

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El "Túnel Las Raíces" es un túnel carretero ubicado en la Región de la Araucanía, Chile, construido en 1939, conectando las comunas de Curacautín y Lonquimay, en el sector alto del río Biobío y a 1010 msnm. Con una longitud de 4528 m, ocupa el lugar número 162 entre los túneles más largos del mundo. Fue el túnel ferroviario más largo de América (el ferrocarril ya no corre en él), y es el tercer túnel vehicular más largo de Latinoamérica, tras el «Túnel de Occidente» (o «Túnel Fernando Gómez Martínez»), y del «Túnel Buena Vista Misael Pastrana Borrero», ambos de Colombia.

Cabe destacar que actualmente para llegar a Lonquimay se hace por la ruta internacional que conecta dicho poblado con Curacautín, en donde se puede optar por la ruta hacia Victoria o Lautaro (en ambos casos, llegando a la Ruta panamericana 5 Sur); dicha ruta internacional pasa por el Túnel Las Raíces, ya que la ruta alternativa que existe es muy demorosa y de ripio, utilizada comúnmente por los camiones que por sus dimensiones no pueden pasar por el túnel... A fines de los años 80 y comienzos de los 90, el Túnel contaba con rieles para la circulación de los trenes cargueros y de pasajeros (turísticos) que aún circulaban por el ramal, y además contaba con tablones de madera a los bordes de los rieles para la circulación de los vehículos motorizados y carretas de caballos que circulaban por el lugar. Posteriormente, con la retirada total del tren en aquella zona, los tablones fueron sacados (en su mayoría estaban podridos ya que el túnel tenía una gran cantidad de goteras en su interior debido a la humedad de la montaña y las pequeñas grietas que tenía el cemento) para tapar la línea férrea con tierra y dejar el túnel para uso exclusivo de vehículos. En 2005 finalizó la remodelación del Túnel, dejándolo en su estado actual, totalmente pavimentado, con luminarias en su interior y semáforos a la entrada.

Como dato curioso, el túnel debido a su gran longitud, no permite ver la luz al final de este desde un extremo a otro, de hecho en la mitad de él, no es posible ver la luz del comienzo del túnel ni del final de éste, antiguamente (antes del año 2005 y la remodelación) el túnel era un panorama de total oscuridad en su interior, sobre todo en el kilómetro 2 de recorrido en su interior.

El túnel forma parte de la Ruta 181 que une la ciudad cordillerana de Lonquimay con Victoria. Esta carretera continúa hacia Argentina a través del Paso de Pino Hachado en la Cordillera de los Andes. Además, el túnel sirve para conformar un corredor bioceánico entre el Pacífico y el Atlántico, desde Lebu, en la Región del Biobío en Chile hasta Bahía Blanca en Argentina.
El túnel permite un tránsito unidireccional, por lo cual los vehículos deben esperar que se les indique la dirección del tránsito para avanzar.

Nuestro nuevo destino era Villarrica y para ello debíamos montarnos a la Autopista 5, después de tanta marcha salvaje en lo agreste, era toda una experiencia circular en ese tipo de vía, reabastecer combustible era una tarea segura y prolija, cada uno de estos centros contaba con servicios de comida y sanitarios a cargo de un concesionario de la firma Pronto, la que luego de varias paradas pudimos notar la uniformidad en la calidad del servicio y atención.

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Salimos de la autopista para entrar en el poblado de Villarrica donde comenzamos a buscar alojamiento y que por lo que vimos era escaso en vistas de que la temporada no había comenzado aún. Luego de un rato encontramos algo que nos serviría para descansar, sin ser lo espectacular. Se repetía el tema de la calefacción, teniendo que comprar aparte la leña para la pequeña estufa. Llovió algo sin ser preocupante durante la tarde noche.

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A la mañana siguiente y después de un cambio de planes, estábamos apuntando hacia un nuevo poblado, en este caso llamado "El Frutillar" sobre la ultima hora de tarde conseguimos alojamiento en unas cabañas que venían a costar la mitad de lo que veníamos pagando desde que circulábamos en Chile, lo que significo quedarnos dos jornadas, en mi caso descansar un poco más y también era momento de hacer el servicio a las motos tanto a la de Enrique como a la mía. Simplemente basto que pusiéramos las motos bajo techo para que un aguacero cayera estrepitosamente sobre la zona creando riachos en las calles y jardines.

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A la hora de la cena, el dueño del lugar nos recomendó un restaurant a un par de cuadras, al que fuimos y cenamos muy bien salvo que no había frutillas de postre, nos conformamos con un Don Pedro generoso.

En la mañana Javier y Enrique salieron a dar un vueltín por Pucón y Puerto Varas, mientras descansé un rato más, después le dedique algunas horas a mi moto, cambiando el aceite, filtros, tensando cadena, lubricando etc.

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Revisando todo lo que la piedra del camino podría haber golpeado o aflojado, luego otra vez la lluvia tipo Vietnam. Sopa de espárragos para mí y prestar atención al terremoto que se había desarrollado más al norte, me dormí brevemente creo, cuando llegaron algo mojados de su periplo. Mientras Javier se acomodaba, Enrique me ayudaba con el servicio de su moto, en lo que habremos ocupado una media hora. Esa noche volvimos a cenar al mismo lugar no recuerdo que comimos... si recuerdo el postre que le salió igualito que la noche anterior.

Con las instrucciones del propietario de las cabañas había una forma sobre pavimento para ir a una localidad que se llama Entre Lagos y que nos evitaría cruzar Osorno y evitar su industrial tránsito. Todo anduvo bien hasta que nos perdimos algún cruce, Javier decidió seguir hacia Osorno y retroceder hasta Entre Lagos, Enrique quería tomar un atajo de tierra, y yo que sé, cuando de pronto una señora que había descendido de un auto para esperar algún colectivo, se nos acerca y habla con Enrique, contándole las maravillas de la inmunda huella por donde Enrique quería ir, nada concreto en kilómetros o en tiempo... Enrique dijo vamos? Puse primera y salí, que podría pasar pensé... que vayamos a Osorno por tierra, que volvamos al frutillar... que se yo.

El asunto fue que era bastante áspero el ripio, más adelante el piso era arcilloso y transformado en un fangal por las lluvias recientes, veníamos navegando en el barro haciendo dibujos de los más raros, salpicando la moto, la ropa y la botas a pesar de la baja velocidad.

Por un momento pensé que estábamos en el horno, no Osorno, unos trescientos metros por delante Enrique hablaba con alguien en un tractor, imaginandome ¨el ahicito nomas¨ por suerte en un par de kilómetros llegamos al pavimento.
Y nos encontramos casi al mismo tiempo en Entre Lagos con Javier que había dado toda la vuelta por Osorno.

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Ya reagrupados, nuestro destino era el reingreso a Argentina por paso Samore y hacer noche en Villa la Angostura.

Anduvimos bajo la lluvia casi todo el tiempo, la temperatura bajaba a medida que tomábamos altura, mi chaleco funcionaba en forma intermitente, por suerte los puños funcionaban bien ayudados por los guantes que había comprado, cruzamos la frontera Chilena sin problemas y seguimos ascendiendo en busca del paso Samoré, el camino por momentos se angostaba por la nieve acumulada y hacia que el frio se note más, en ocasiones el piso se lo veía muy resbaladizo aunque la moto tenía una marcha estable, venia tan preocupado por estas condiciones que casi me paso por alto una casilla de control en el paso fronterizo. Pude estacionarme bajo techo por la indicación de GN, hice mis tramites rápidamente y seguimos viaje bajo la lluvia, me sentía algo húmedo pero no mojado, fuimos hasta la estación de servicio en La Angostura ya conocida en el viaje de ida y desde ahí salimos en busca de una nueva cabaña, de hecho encontramos algo muy bueno, construido con buen gusto y detalles de los que uno pondría en su casa, contaba con calefacción central, lo que nos permitió secar toda la ropa.

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Afuera llovía a rabiar, para cenar pedimos un remis y este nos llevó hasta un lugar que nos habían recomendado, comimos muy bien algo caro pero...

A la mañana siguiente teníamos ropa seca para mojar nuevamente y salimos con lluvia rumbo a Esquel, sacando los primeros cientos de Kilómetros con lluvia, esta se fue disipando y el cielo fue mostrando el sol de tanto en tanto, hicimos una fugaz parada en El bolsón donde almorzamos y repusimos combustible, el ritmo fue bueno y llegamos en buen horario..., lamentablemente el alojamiento que habíamos ocupado de ida, estaba completo, al igual que otros que visitamos. Terminamos en un lugar casi precario pero que serviría para esa noche, en la mañana siguiente nos separaríamos, Javier por razones laborales saldría temprano hacia Gregores y nosotros más lentos hasta Perito Moreno, donde Juan, Motero local nos buscaría alojamiento mientras viajábamos. Esa noche volvimos a cenar al lugar de las pastas, solo nos faltó la cerveza negra porque se acabó, y vimos que la rubia también era buena.

Un rato después de que Javier partiera lo hicimos nosotros hasta la Petrobras de la salida donde completamos combustible y luego desayunamos muy bien. Eso tenía que alcanzar hasta Perito, no hubo problemas en el tramo, llegamos en buen horario y paramos en la misma cabaña de la ida gracias a Juan. No teníamos ganas de salir a comer, así que me quedaban algunas sopas de espárragos y con eso nos fuimos a dormir.

Amanecimos temprano y descansados, cargamos las motos y encaramos hacia la estación de servicio para desayunar, lamentablemente faltaban un par de horas para que abrieran, así que en ayunas salimos rumbo a Gregores, ya entrabamos en nuestro desierto, por suerte el viento era moderado, monótonamente marchamos hasta Bajo Caracoles, allí reabastecimos combustible y comimos un extraño y gigante sándwich con un café, no era lo ideal pero la panza dejo de hacer ruido, continuamos con algo de sol el tramo que nos conectaba con Gobernador Gregores, por momentos se hace interminable. Javier nos había dejado reservado un lugar en el hotel donde él había hecho noche, eso nos daba la tranquilidad de contar con el alojamiento. Llegamos temprano y nos costó encontrar al encargado, nos alojamos previa ducha y nos cambiamos, salimos hasta el cajero a buscar algún billete, de ahí volvimos a la confitería del hotel a tomar algo, momento en que el cielo se cubrió y comenzó a llover, todo muy lindo desde la ventana de la confitería, después de una montaña de tostadas y de usar el WiFi del lugar, cruzamos bajo la lluvia hasta el departamento que ocupábamos al otro lado de la calle. Descansamos un rato hasta la hora de cenar, y aun llovía.

Transcurrió la cena sin que la lluvia calmara, por lo que veía en el pronóstico que tenía en el teléfono la situación no cambiaría, la gente del lugar nos comentaba lo sorprendidos que se encontraban con la lluvia, ya que no era habitual por esos lares.

La noche estuvo acompañada por el repiquetear del agua en el techo de chapa y el sonido del viento. Así se fue acercando el horario de salir, cargar las motos bajo la lluvia, respirar profundo y salir a cargar combustible, el empleado del surtidor nos miró como diciendo... pobres tipos están locos.

Sabiendo que teníamos un tramo de tierra importante, a la altura del Lago Cardiel y teniendo zonas muy arcillosas, preguntamos como estaría, la respuesta no se hizo esperar... no olvídense de cruzar por ahí y menos en moto. La opción era ir por Piedrabuena ruta 3 y no por Tres Lagos, eso le sumaba una cantidad importante e kilómetros a nuestra última jornada pero no había opción, tomamos la ruta bajo la lluvia, el chaleco seguía con sus intermitencias hasta que dejo de funcionar, me resultaba dificultoso ver bien ya que el visor se llenaba de gotas y mis lentes por momentos se empañaban.

A Enrique lo perdí de vista enseguida, trate de mantener una velocidad constante en 100 Km/h con la desconfianza propia de desconocer el comportamiento de la moto en pavimento mojado, así llegue a un cruce de caminos que parecía haber sido hecho con alguna bomba excedente de la segunda guerra, dentro de un gran pozo quedaba un trozo de cartel que decía Tres Lagos 147 km, hacia el este salía otro camino sin ningún tipo de señalización, sin duda apuntaba hacia la costa, sin dudar tome ese rumbo esperando encontrar alguna cartelería que confirmara la opción tomada, para mi sorpresa en los kilómetros restantes que fueron muchos no encontré nada que indicara alguna cosa. Resultaba difícil mover las piernas y los brazos a modo de ejercicio, pero tenía que improvisar algo para mantenerme activo.

Entre dimes y diretes me acerque a Comandante Luis Piedrabuena, la ruta salía casi detrás de la estación de servicio encare derecho al surtidor ya que venía en reserva desde hacía un rato, lo veo a Enrique que se acerca y me ayuda a bajar de la moto y la acercamos al surtidor, para luego estacionarla y poder ir al baño, tomar un café glorioso, todavía nos faltaban como 500 Km para llegar a casa, la lluvia comenzaba a menguar nos recompusimos un poco y retomamos la marcha, ese tramo de ruta hasta el cruce de la 5 es más aburrido que chupar un clavo, tímidamente el sol fue calentando y secando la ropa haciendo más agradable el andar, el combustible no me alcanzaría para llegar hasta La Esperanza, pero tenía mi reserva la que colocaría en Las Horquetas donde tomaría algo, Enrique se había detenido en un parador (Le Marchand) que está cerrado, habíamos quedado en hacer un alto, pero en las condiciones en que venía preferí seguir sabiendo que me alcanzaría rápidamente.

Llegando a la zona de Guer Aike, tuve un incidente con suerte, cuando un camión de auxilio mecánico que viajaba a mí misma velocidad me golpea de atrás con el argumento de no haberme visto, solo se descuajeringo el baúl trasero sin mayores daños, la moto se comportó estable sin que se perdiera el control en ningún momento.

Circulando hacia Las Horquetas, la temperatura mejoraba y el ánimo también, la desolación había cesado ya estaba casi en casa.

Llegue a Horquetas y al querer bajarme la moto cayo, por suerte Enrique venia llegando, y la pusimos de pie. Cargue mi combustible y tomamos algo, próxima y última parada La Esperanza, combustible y seguir, ya estaba en descuento de los últimos ciento setenta Km. Por momentos se complicaba ya que la hora y el curso me ponían el sol de frente, los últimos 5 o 6 Km fueron de cuidado por ser urbanos, me tome el tiempo de doblar en mi esquina y circular despacio mirando a los lados hasta entrar en casa, Bárbara me esperaba veía preocupación en su rostro, Enrique me ayudo a bajar y se fue.

Esposa, casa, cachorro, mi taller y yo.

Después vendrían los sueños, cada noche de un lugar y situación diferente, habrían más viajes? Todo parecía indicar que no, solo hicieron falta un par de semanas para juntar las fotos y comenzar a escribir... y los recuerdos cobran vida exigiendo un paso más.

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Próximo desafío... Dios dirá donde

                                                                                            Agradecimiento especial a Roberto Moreu por su colaboracion haciendo que esta publicacion sea posible.


 

Comentarios   

#1 Romualdo 28-04-2017 13:00
Hola! He estado visitando tu weblog durante bastante
tiempo hasta hoy en dia y al fin tengo el valentia de postear desde Germany,NW,Dortmund,
44135,Stra?E Derr Pariser Kommune 49,0231 13 94 96, .Solo queria mencionarte que
sigas realizando tan importante desempeño!

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