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Erase una vez, que había sol, parecía casi el verano de algún lugar distante...

Como siempre... mirando aquellas montañas, las más grandes e intrincadas de nuestra zona, capaces de transformarte la salida en nada con algún descuido, o robarte el tiempo y cambiarte el sol por luna.

Una vez más nos desafiaba a cruzarla buscando una vía menos complicada... La primer etapa casi no tendría cambios, sería como esta relatado en viajes anteriores detalle más... detalle menos.

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Así que comenzaremos el relato con la aproximación al sitio que llamamos el Puesto de la Radio, solo que esta vez tuvimos compañía de una tropilla de Guanacos desde unos kilómetros antes y hasta el lugar, luego estuvieron maravillosamente próximos, acompañando nuestros movimientos mientras limpiábamos el lugar y ordenábamos para pasar la noche. Las hembras barrigonas en la época se acostaban sin dejar de observarnos pero con una confianza extraña más allá de lo que he visto en los últimos 40 años, un par de chulengos optaron por raudas carreras y terminaban jugando dentro del rio como cachorros de otra raza.

Cuantas cosas para reflexionar, pensé... sacamos varias fotos y me preocupo cómo hacer para describir lo que sentía, pensaba que cuando llegara el momento de contarlo.. ¿cómo haría?, ¿cómo verlo? si como gesto maduro de la inteligencia del hombre en no agredir ni molestar. O tratar de meterme respetuosamente en el cuero esbelto de aquella cabeza que seguía mis gestos, estas criaturas se comportaban como diciendo... Sé que no sos hostil, y es importante que sepas que lo sé.

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Cuando se sienten cosas así el alma quiere salirse y romper corazas inútiles, para que sientas, para entender algo de la creación, para entender que amar duele, que a veces pueden ser aguijones en el alma, pero benditos aguijones que me dejan sentir que estoy vivo, que puedo sentir la proximidad de estas criaturas, que disfruto del viento en la cara, o el frio en la noche, o el miedo de saber que me puedo equivocar al decidir el sendero, o la alegría de mirar alrededor y aun sabiéndome pequeño sentir que todo está ahí para mí.
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El lugar estaba atestado de tábanos, molestos tábanos que los fuimos arreando al exterior en cuanto encendimos la cocina del lugar y sin ponerle la tapa echábamos sobre la llama expuesta puñados de pasto verde, por momentos la nube era tal que salíamos como los tábanos hacia afuera, a pesar del movimiento y el humo que salía por cada rendija del puesto, los Guanacos nos miraban con simpatía.

Finalizada la migración de nuestros cansinos amigos alados ocupantes del interior del puesto y hago la aclaración en vista que una cantidad importante quedo debajo del alero. Así fue cayendo lo que quedaba de sol, en ese lugar mucho antes que en el horizonte por las altas montañas que rodean el lugar junto con esto volvieron de explorar Enrique y Agustín (hijo menor de Carlos), luego cenamos con un dejo de esperanza de encontrar una alternativa de cruce que no fuera tan traumática como la que veníamos usando hasta el momento.

Este lugar el Puesto de la Radio es el punto convergente de una gran Y (griega) donde la vía Izquierda era la conocida y transitada varias veces. Mañana seria el turno de tomar por la derecha, solo el cansancio que se impuso sobre inquietud de pensar que nos depararía este nuevo rumbo. Amaneció un día soleado con apenas una brisa tibia. Levantamos todo rápido para iniciar la marcha lo antes posible... Este lado del valle es algo más amplio y con menos grietas por los deslaves de las montañas, los cortes no eran tan complicados de eludir, y se podía disfrutar de la marcha, la columna multicolor se estiraba y comprimía según marchábamos o nos reagrupábamos. Después de una gran curva a la derecha se ponía más escarpado y angosto no dando lugar a muchas opciones de por dónde avanzar, por delante nuestro todo el entorno tomaba altura como diciendo acá termina tu paseo, el suelo se volvía rocoso, volcánico y fragmentado con piedras filosas.

Llegamos a un lugar donde las opciones se reducían a una o dos de riesgo medio, Enrique y Agustín que ya habían estado la tarde anterior, viraron a la derecha, era una de las opciones pero no mostraba futuro si se miraba por encima de la cuesta, era muy escalonada y en una parte tenia vertientes haciendo al piso muy húmedo, a pesar de eso subieron bien, solo el cuatri más grande quiso levantar alguna rueda delantera del piso, estuve entre los últimos en subir, sin mayores problemas más allá de ir compensando el cuatri por la carga que llevaba . Al llegar arriba el paisaje no era nada alentador... en un montículo a unos cincuenta metros del nivel más bajo coronado por montañas hubo un puesto alguna vez, lo extraño era que se podía ver o deducir que era bastante grande, digo deducir ya que estaba desparramado en unos treinta o cuarenta metros como si el dedo de Dios hubiese dicho ( esto no me gusta) y lo hubiese aplastado contra el piso, solo una cama cucheta metálica pintada de verde estaba más o menos en pie, me pregunte cuando podría haber pasado esto... la cucheta a pesar de estar expuesta a las inclemencias del tiempo no presentaba signos de oxidación importantes. Este chichón de roca ocupaba un extremo del gran círculo que formaban la corona de montañas. De hecho para seguir subiendo había que bajar, apuntamos a un chorrillo que estaba al pie del chichón como para subir contra corriente y tomar altura nuevamente, llegamos a un lugar donde lo que seguía estaba muy por encima de nuestros ojos.

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Muy áspero el terreno, agrietado, y filoso... le buscamos la vuelta y conseguimos trepar... para nuestra sorpresa era una meseta con algo de pendiente de roca limpia y segura, llegamos a un gran barranco que se veía fácil de bajar, estábamos acercándonos al desafío, se podía sentir, por detrás nuestro estaba nuestra ruta, la que nos dejó llegar hasta ahí, después donde miraras eran cumbres imposibles casi de paredes verticales, solo delante nuestro se veía una ventana en la cima de la montaña, llegar ahí era bajar y andar por la ladera de la montaña con carga a la izquierda, había una grieta que se cruzaba en el rumbo y un ascenso importante que se incrementaba sobre la cima, antes de llegar a ella había un gran banco de nieve ( fines de diciembre) con una pendiente importante hacia sí que quería llamarte al embudo de roca lleno de nieve. Carlos se quedó en la grieta en una situación comprometida, pero se superó el momento y todos fuimos alcanzando la cumbre de uno en uno... , quedaba bastante por delante y desconocido por cierto, era difícil saber bien por donde habíamos cruzado. Sin duda es un paso difícil porque no creo que en cualquier época del año te permita transitar, por nieve acumulada, deshielo o grietas de aguas nuevas y que aun el viento no ha curado depositando material en ellas.

Así reagrupados en lo alto de la montaña había un aire de triunfalismo, no se veía fácil sería un largo descenso, el aire era claro se podía estimar unos 10 Km para llegar a lo que parecía una planicie verde. Desde donde estábamos, era como estar en la punta derecha en de una formación en media luna horizontal rocosa, se podía deducir que en toda la longitud de esa media luna se acumulaban grandes cantidades de nieve durante el invierno y durante miles de años repitiendo la historia de acumular y licuar en deshielos sobre el gigantesco tobogán hasta un embudo tres km abajo, eran surcos en la roca, y desde donde estábamos se veía como el arrastre aluvional había extendido y suavizado la rampa hasta casi dejarla a nivel del valle en un pequeño arroyo.

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La ruta razonable era descender hasta el centro de esta medialuna a la vez perdiendo algo de altura hacia el valle cuando el terreno lo permitiera. Bajamos bien hasta el chorrillo donde nos detuvimos a almorzar. El terreno era ondulado por los mogotes, se podía ver entre ellos de tanto en tanto, pozos con depósitos secos de óxidos de hierro, comunes en esa zona por el tipo de arrastre mineral. Haciendo un modelo con lo visto hasta el momento, ese descenso en pleno deshielo te mostraba que ese pequeño cauce verde entre las dos montañas que estábamos descendiendo era arrasado por corrientes de agua del deshielo, incluso con aportes de las cumbres laterales. Hoy era solo una marcha lenta mirando donde pisar para no trabarte en ningún pozo. Llegamos a un lugar preocupante una inmensa morera cruzaba de una a otra montaña era de roca fragmentada por los cambios de temperatura durante quien sabe cuánto tiempo, después de darle vuelta a como pasar se terminó abriendo a mano un estrecho paso, como redibujando lo que la naturaleza había diseñado, poco a poco se abrió el paso, era un tanto difícil de ver bien un virtual sendero, así que nosotros, distribuidos en los lugares de mayor maniobra balizábamos al que cruzaba haciéndolo de uno en uno. De ahí en mas no fue tan difícil, en la medida que avanzábamos hacia lo que se veía como un valle oblicuo al que veníamos el terreno se ponía más suave y el pasto más tierno.., por el nuevo valle corría agua en un zigzagueante chorrillo. Redibujando en la mente lo que se veía y sobreponiéndolo imaginariamente con las imágenes vistas en el Earth, me hacía suponer que nos acercábamos a algún afluente del Centinela, si era así, veníamos bien y el puesto Verlika estaría bastante cerca.

No transitamos mucho hasta divisar un corral a la izquierda en el fondo del valle y una pequeña construcción a la derecha. Al pie del puesto y después de la tranquera cruzaba el rio y por detrás de la construcción trepaba una huella que no parecía muy transitada.

Cuando nos montamos en la huella esta comenzó a trepar la montaña por varios km cuando llegamos a lo que podríamos llamar una meseta podíamos ver al Cerro Verlika imponente a nuestra derecha y a nuestra izquierda se veían las peligrosas laderas de nuestros descensos anteriores y más abajo el curso del rio Centinela. Este sin duda era un camino/huella hecho hace un tiempo pero no tanto, quizá un tramo de la mítica ruta 10 que nosotros conocíamos solo desde El Calafate hasta el Centinela, ya que nuestro transito siempre había sido por una huella a nivel del rio.

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Fue un tránsito ondulado tranquilo con viento lateral, con algunos lugares dignos de buena fotografía. Después de unos kilómetros conectamos con la parte conocida de la R10, el resto fue transito tranqui hasta el Calafate, nos alojamos en las Cabañas Nevis, después de una buena ducha y comer, descansamos para volvernos al otro día por la cortada, la parte más aburri.

En este viaje estuvieron Agustín con un Honda TRX350, German con Can Am DS250 (del hijo) ya que su 650 no había llegado aun, Enrique, Carlos y yo...

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Comentarios   

#1 Florencia 15-04-2017 04:39
Comme il etablit en nous le rapport le plus grand qu'on puisse connaitre hors de soi, il nous rend habiles un sentiment de tous les rapports,
de toutes les harmonies; il decouvre a nos affections un monde nouveau.


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