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• Bitácora 26 de diciembre de 2010

Nuevamente era 26 de Diciembre esta vez en el año 2010. Éramos de la partida Enrique, Carlos German y yo. Carlos a esta altura ya bastante recuperado de un operación de un tumor ubicado en su cerebro y en un área bastante comprometida, de alguna manera nos afectó a todos en forma considerable, tanto en lo que a las personas se refiere como también al espíritu de equipo, lo que nos hizo dejar de lado por unos meses las salidas complejas o largas. Pero aquí estábamos una vez más con la férrea intención de aventurarnos en los misteriosos laberintos entre montañas y ensenadas que forman el macizo de Baguales.

Salimos con rumbo al paraje de Tapi Aike, este lugar está integrado por la estancia homónima, un puesto de policía muy bien instalado, que me recuerda el rescate y evacuación de la familia y amigo de quien fuera el responsable de la comisaria del lugar el querido Negro Vargas...

Recuerdo con simpatía que fue un 17 de Agosto de 1995 antes que cayera la tarde hicimos una pequeña formación en torno al mástil y arriamos la bandera y en modo de oración recordamos la fecha Patria. Esta vieja foto "Esas de carne y hueso" como las cartas que ya casi no escribimos, recuerda ese día y a quienes ahí estuvimos.

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También hay una pequeña estación de servicio, y esta era nuestro objetivo, debíamos reaprovisionar combustible.., como toda cosa en la mitad de la nada tiene su folklore, aquí se trataba del horario de expendio... Nos faltaba como una hora y media, tiempo que ocupamos en almorzar y distendernos hablando pavadas. Mientras la hora faltante transcurría...Lllega en un momento un colectivo lleno de gringos de diferentes lares, los que armando un comedor en plena ruta comenzaron a almorzar, minutos después también estacionaron un par de vans con dos parejas de alemanes.

Para nuestra sorpresa veíamos venir hacia nosotros un gringo con cara de James, con bandeja en mano y una bolsa de pan, en un inglés de lo mejor nos invitó a comer una espectacular pata de cordero, le agradecimos ya que hacía unos instantes habíamos comido, después de contarnos algo sobre el periplo que venían realizando, la pata y el pan se quedó con los alemanes.

Este tipo de viajeros es harina de otro costal, inician su viaje de una manera singular se trata de un colectivo de comodidad media, casi un poco mas que interurbano mas un acoplado con algo de equipaje y unas capsulas de sueño no aptas para claustrofóbicos. Su objetivo es el viaje, la convivencia debe funcionar al 100% considerando la poca o nula privacidad. Son muy ahorrativos en todas sus actividades, de hecho el compartir aquella pata y sin desmerecer la deferencia que tuvieron para con nosotros, tiene que ver en que estaban a 80 Km de cruzar la frontera y siendo respetuosos de las normas, no podrían pasar alimentos.

Se fue haciendo la hora para poder repostar.. lo hicimos de uno en uno ante la mirada sorprendida de este grupo tan particular de turistas.

Teníamos unos cuantos kilómetros de huella antes de entrar en terreno desconocido, así fuimos a buen ritmo primer paso conocido fue por Cerro Negro, buenos recuerdos de inviernos memorables, donde este trayecto era de jornada completa, después vendría la Estancia Coronel Guarumba, la que solo se puede atravesar con la venia del encargado.

Chau se acabó todo lo conocido, ya el aire se empieza a respirar diferente, el horizonte se amplía, dentro del casco sigue estando la misma cabeza, quizá la misma canción, pero nace una nueva melodía con vientos, pájaros, montañas cercanas y lejanas...

 

Cruzar los corrales y buscar donde cruzar el rio, mucha agua para la época... El cauce es de piedra bola grande, la altura del agua y la corriente no te dejan ver el fondo, así cruzamos una y otra vez según el rio nos apretaba contra la montaña, las orillas estaban engañosas y se habían formados algunos puntos cenagosos. Así fuimos hasta que decidimos tomar altura por el margen izquierdo del rio, donde teníamos referencia de la existencia de un puesto que data del año 48 y aun en uso perteneciente a la Est. Verdadera Argentina, por momentos el viento se tornaba violento, ya eran cerca de las 19 hs cuando avistamos como un punto a unos cinco kilómetros a el Puesto de la Piedra.

 

Con renovado entusiasmo apretamos la marcha, hasta llegar al viejo pero solido refugio.

 
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El viento hacia difícil la descarga de los cuatris, había una ventana rota, la que reparamos, con Duc Tape, y unos pedazos de chapa, dentro... dos camas, una cocina a leña, un anafe con una garrafa que aún tenía algo de gas, algunos elementos de cocina y otros enceres.

Nos acomodamos, buscamos leña, pero no teníamos con que cortar esa madera endurecida con el tiempo. A modo de sartén se usó una olla y se cocinaron unos bifes y unos chorizos. El viento soplo durante toda la noche con ferocidad increíble, solo el cansancio dejaba conciliar el sueño. Recordaba cuando aún niño habíamos comprado una carpa con un amigo de aquellos años, y la fuimos a estrenar en la Laguna de San Miguel del Monte, que no quedaba tan lejos de donde vivíamos. Al ponerse el sol de ese día era como que un manto negro y pesado que corría desde el Sudeste hacia nosotros, estábamos tomando mate después de haber comido, cuando empezamos a ver los primeros relámpagos, en cada uno aumentaba el tiempo de duración y se podía ver las ramificaciones de los rayos cada vez más poderosos.

Ninguno de los dos dijo nada pero hicimos el mate a un costado, arrimamos tierra sobre el fuego, y cuando comenzaron a caer las primeras gotas estábamos cerrando la carpa. Se veía a través del frágil techo y en forma cadenciosa poderosos destellos que creaban una imagen surrealista ante tan tremenda intensidad de luz, así, por momentos se hacía de día, como días de un instante, después comenzaron a sonar cada vez más cerca los truenos, que los escuchabas tanto con los oídos como con la panza que estaba apoyada en el piso.

Pasaron horas para conciliar el sueño, recuerdo que tenía una medallita de Jesús ...no la solté, hoy algo más de medio siglo después de ese día, no se que fue dé la medallita pero si de Jesús y ya no pienso soltarlo. Bueno dejemos mis 13 años y vamos al amanecer del 27 de diciembre de 2010.

Afuera, ya sin viento era difícil captar todo el contenido, montañas hermosas, cientos de guanacos por doquier, pastando tranquilamente a no más de 150 metros, sin alertas, sin "Relincho" (se denomina relincho por lo general a un macho que separado de la manada y sobre terreno algo más alto, y desde esa posición otear el horizonte anunciando a la manada o tropa de alguna amenaza) Tome la cámara y saque fotos, pero sabía que no entraría en una fotografía lo que se veía y sentía. Había algo que te hacia parte.., estabas inmerso en el todo, eras parte de la manada y de la montaña y también del rio y del aire... la foto solo ve lo de afuera, es como la publicidad en un cartel, tan solo muestra el envase y la marca.

Temiendo un nuevo viento me apure en tener todo cargado y asegurado.

 

 

Nuestro destino era una ensenada que teníamos al noreste, emprendimos la marcha buscando las mejores pasadas entre rocas y verdes pastizales de tanto en tanto alguna vega que esquivar por los bordes, el paisaje nos sorprendía metro a metro, en un lugar bastante alto el gran peñasco presentaba una grieta enorme al pie de ella un grupo importante de guanacos pastaba en la tranquila y soleada mañana, no nos acercamos más a la grieta por fotos para no alterar el paseo matinal de esta manada, nosotros... la otra manada... seguimos avanzando y tomando altura hacia lo que parecía un cordón perimetral de montañas, del hielo de las cumbres surgían hilos de agua que terminarían dando origen al rio Vizcachas partiendo de un lago colector y sus desbordes convergerían en un único cauce que iría recibiendo afluentes en todo su recorrido. Para llegar al borde debimos cruzar una zona algo blanda que capturo al Polaris de Enrique dejando apoyado todo el chasis sobre la húmeda superficie, con el auxilio del malacate de German se lo pudo retirar pero la maniobra se llevó parte de la correa de transmisión del Polaris, este aun herido denunciando un Tac... Tac... preocupante siguió adelante. Cuando llegamos al borde vimos que la crecida laguna tocaba los pies de todas las montañas circundantes no dejándonos ver un poco más allá. Carlos a riesgo de quedar atrapado en la vega que se formaba en la orilla. Fue a inspeccionar pero cuando lo perdimos de vista en una curva se escuchó por radio que era imposible seguir y también mirar la parte que teníamos ciega desde nuestra posición, la que nos interesaba pues podría ser unos de los lugares por donde cruzar rumbo al rio Centinela.

 

 

Retrocedimos por nuestros pasos hasta el puesto comimos algo y se redistribuyo la carga del cuatri de Enrique para equilibrarlo ya que hasta el momento no sabíamos de donde surgía el Tac... Tac...

 

 

Enrique quería cruzar la montaña que teníamos al frente con la intención de salir al arroyo Bueno y de ahí subirlo contra corriente, y para allá salimos.

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Después de cruzar el río fuimos buscando el trayecto de ascenso un tanto desperdigadamente, Enrique y German subieron más rápido y por diferentes vías, Carlos y yo tomamos una ruta más franca hacia la cima. Iba marcando el ascenso cuando Carlos da aviso por radio de ciertas dificultades en una grieta, no conteste hasta estar en un lugar seguro para detenerme, ahí me di cuenta que se había empacado, y le dije que se quedara en ese lugar. Alcance en lo alto a Enrique y German, que estaban eufóricos en seguir adelante. Deliberamos unos minutos y se decidió que ellos seguirían montaña abajo por la ladera opuesta buscando el Arroyo Bueno y yo me volvería por Carlos y ahí resolvería.

Bajando todo se veía diferente, estaba como a cien metros de la pisada por la que subí en el GPS pero era imposible retomar, por el terreno, lentamente fui acercándome a Carlos.

Cuando llegue deje que me explicara su situación, le comenté que iríamos hacia el Bueno pero tomándolo desde el punto donde hace aporte sobre el Vizcachas, Carlos me pidió ir por lo bajo ya que estaba muy agotado.

Nuestra marcha se hizo lenta en esas condiciones, cuando llegamos al punto de confluencia en el rio, las reservas físicas de Carlos eran pobres.. me comunique con Enrique haciendo una estimación de tiempo y distancia entre los dos grupos, el resultado termino en que ellos seguirían con destino Calafate y nosotros al puesto del Cien donde descansaríamos y al día siguiente nos quedaría un tramo áspero y complejo para salir al cruce de la RP61. El único dato que tenía era un WP de unos años atrás que marcaba una tranquera donde cambiaríamos de los Campos de Vizcachas a los de Verdadera Argentina.

Tortuosamente llegamos cerca de las 20 hs al Cien, aun el sol esta alto en esta época del año.

Quedaba algo para picar, y carne semicosida nos hicimos cargo de eso con una botella de vino que tomamos lentamente, mientras acercamos agua desde el río al puesto y a los efectos de alivianar el equipaje también tomamos una botella de Fresita. La cocina a carbón bramaba en la tarde, unas ultimas paladas de carbón y preparamos las camas del puesto y dormimos gloriosamente.

Un sol luminoso nos despertó entrando por las ventanas llenado todo con su luz poderosa.

Cargar todo, limpiar el puesto, dejar agua y algunas cosas no perecederas en las alacenas.

Cerrar la puerta he iniciar la marcha, una vez más dejábamos el nivel del rio para tomar altura hasta unas montañas que por el momento se veían muy lejos.

Hacía mucho calor, y la marcha lenta sobre el áspero terreno bajo el sol se sentía. Nos acercábamos lentamente al punto en el GPS, recordaba ese lugar como una tranquera en el fondo de un pronunciado valle que desembocaba en una laguna seca. Cuando la divisamos estaba a unos seiscientos metros por debajo de nuestro nivel, no había muchas opciones para bajar, la pendiente era pronunciada y con mata negra. A Carlos no le gustó mucho la idea de bajar por ahí, pero decidió seguirme... Los primeros treinta metros eran los más pronunciados inicie el descenso para animar a Carlos a hacer lo mismo hasta que me encontré un escalón importante, no me anime a seguir arriba del cuatri y lo fui acompañando a la sirga y sujetando para que no volcara, fueron unos metros complicados, porque estas pisando encima de las matas al igual que el vehículo. Monte nuevamente y baje hasta un lugar donde la pendiente no era tan comprometida, al darme vuelta alcanzo a ver el último movimiento de la pirueta que Carlos había hecho, corro hacia arriba eran unos cuantos metros con mucha pendiente el calor , el casco, la ropa, el sobrepeso, un corazón algo cansado parecían hacerme subir en cámara lenta cuando en realidad quería ser una saeta, ya al llegar Carlos terminaba de salir de debajo del cuatri, urgía enderezarlo estaba ruedas arriba y la nafta y el aceite se estaban derramando, la pendiente y las matas no nos dejaba enderezarlo hacia arriba así que tendría que ser hacia abajo con el riesgo que siguiera hacia el fondo del valle, anclamos una linga para sujetarlo y limitar la rodada . En el primer intento dio media vuelta de mas, para la segunda vez quedo bien parado solo que algo cruzado, recuperándonos un poco lo fuimos enderezando en la dirección de bajada.

Lo llevamos a mano hasta una zona segura y ahí verificamos el nivel de aceite y lo pusimos en marcha, anduvo un rato como un dos tiempos por el aceite que se coló en la cámara del filtro de aire. Atravesamos la tranquera, luego la laguna seca, y otra vez la pesada marcha bajo el sol. Nos fuimos refrescando en cuanto chorrillo encontramos. Habíamos puesto la proa hacia un punto imaginario donde debía de estar aún una vieja huella que permitía cruzar una zona de vegas.

La encontramos pasado el mediodía, esta nos conectaría cerca de Verdadera Argentina con la RP61. El resto sería camino de tierra hasta Fuentes del Coile. De ahí a casa un paseo...

Ese mismo día más tarde llegaron Enrique y German habían cruzado peligrosamente a El Calafate, por una traza para olvidar.. El Polaris había desintegrado la correa y viajo a remolque gran parte del trayecto.

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A mayor distención es mas factible el sacar fotos, y normalmente a mayor presión y tensión es cuando se omite el uso de la cámara fotográfica, hay como una urgencia en terminar esto rápido y salir de la situación que te oprime.

Estas son las pocas fotos del equipo que se aventuró al Calafate...

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Comentarios   

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