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Semana Santa se venía cada vez más rápido, este año no queríamos que se nos esfumara como en otros años, estábamos planeando un viaje largo y así empezaron las sugerencias, cada uno aportando su idea.

Empezamos a barajar algo lejos y nuevo, apuntamos al Parque Nacional Los Glaciares, Lago Posadas y alrededores. La salida requería una logística importante, de hecho nos desplazaríamos hasta el parque con los cuatris cargados en vehículos ya que son muchos los kilómetros. Trabajamos en mapas, consultas con personas que habían vivido en la zona, trazamos rutas y estimamos huellas inexistentes para unir todos los puntos que nos interesaban tratando de no volver sobre nuestros pasos y hacer un circuito que nos permitiera salir del campamento base hacia el Sur y retornar por el Norte. Se presentaban un montón de preguntas, muchas de ellas sin respuesta, algo a lo que había que darle solución era el tema combustible, iba a ser este un problema para las camionetas como para los cuatris en la vuelta pensada.

Como veníamos con tiempo estudiamos los enroques de cómo llevar los cuatris y en que camionetas y cómo, si cargados, si en tráiler. Cuando ya lo teníamos más o menos armado surge lo inesperado, en un viaje a Rio Gallegos, la caja de mi Traficc empieza a presentar problemas, dejándola fuera de servicio, y por ende fuera de participar en el tan esperado viaje. Cuando charlamos al respecto, opine de quedarme fuera de la salida, pero de mutuo acuerdo todos decidieron dejar El Parque Nacional para otra ocasión, mas al verano quizá, ya que el tiempo no se presentaba bueno a pesar que esa zona se caracteriza por tener un microclima más templado. La opción propuesta por la mayoría fue algo cercano y que no involucrara camionetas. La primera sugerencia que se escuchó fue El Calafate... Dos de los que serían de la partida, no habían integrado la anterior aventura, eso hacía que fuera justificable repetirla. Analizando mas adelante el viaje, tenía algunas variantes importantes , la primera no era diciembre, eran los primeros días de abril, cuatro horas menos de luz por día, una media menor de 10 grados, y el clima que se mostraba tormentoso desde hacía unos días, y se podía ver a los picos más altos de los Baguales cubiertos de nieve.

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Empezamos a armar el equipo, la ropa y accesorios. Unos días antes de salir precocimos la comida de dos ingestas, y la repartimos en raciones junto con el pan, era bastante crítico el espacio del que disponíamos ya que llevábamos entre dos y tres cargas de combustible para cada uno considerando que la cantidad de litros es diferente para cada unidad.

Llegamos al día anterior, listos para salir, y esperando ver como amanecía para decidir si salir o abortar.

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El sol tímidamente dijo si y salimos antes de que se arrepienta, hicimos las fotos de rigor en la estación de servicio y salimos por la ruta hasta el cruce de Cancha Carrera, donde nos topamos con un ciclista con el que compartimos un café y algunos datos para su camino.

Esta vez haríamos un cambio de ruta para llegar al rio Zanja Honda, intentaríamos por la Estancia El Cazador. Así lo hicimos, con buena temperatura pero con mucha dificultad para cruzar alambrados, dada la escases de puertas lo que nos llevaba muchos kilómetros arriba y abajo para poder alcanzar nuestro objetivo con las sorpresas que agregaba el terreno durante mientras lo transitábamos.

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Desde que salimos de casa hasta que pudimos cruzar a la huella buscada se nos fue la mañana y casi la tarde, ya no había luz solar solo el reflejo del crepúsculo, las opciones eran armar las carpas en algún lugar reparado (poco casi nada) por lo recio del viento en esa hora o apurar el paso hasta un estancia semi abandonada donde vivía alguien que conocimos en la incursión anterior, la opción dos fue la aceptada salimos a todo lo que se podía andar, y llegamos a lo de Manuel un gaucho macanudo acostumbrado a andar solo en la vida, cazador de leones con sus perros, conocedor del lugar y sus recovecos, acostumbrado a vivir con sus recuerdos y a hablar poco. La mirada llena de amaneceres, con esa sabiduría que dan los años de reflexiones en la soledad de la sierra. Llegamos a la casa de Manuel, para nuestra sorpresa y alegría estaba ahí, Carlos hablo con él pidiéndole permiso para armar las carpas al reparo de la casa, ya a esa hora había un viento rápido y frio que te cortaba la cara, la respuesta de Manuel no se hizo esperar, Dijo: en la pieza de arriba hay camas y colchones que van a andar armando carpas, y salió disparado a cortar unos tocos de leña para poner la cocina mas templada. Empezamos a bajar nuestras cosas para dormir comer y beber.

Nos acomodamos en el dormitorio alto, al viento se lo escuchaba rugir contra las paredes de la vieja casa, el... Había quedado fuera sin poder sacudirnos y meternos frio hasta los huesos.

Tres camas, cuatro colchones el que mas derecho durmió fue Mariano que le toco el colchón del piso, las camas tenían ese efecto banana que te hace prescindir de almohada y como los pies te quedan levantados, solucionas el temas de las piernas cansadas.

En la planta baja estaba calentito, y se empezó a armar en la mesa una picada mayúscula a la luz de una vela y las linternas de cabeza, empezamos a comer y beber, le preguntamos a Manuel de todo respecto al paso Verlika, hasta el momento un lugar signado por el misterio y la confusión geográfica que crean un montón de publicaciones donde parecería que hay muchos lugares que se llaman igual o cada uno lo pone donde le parece que es.

También hablamos de leones y de perros, de vacas, de hacendados buenos y de los otros, las dos botellas de vino se fueron rápido la picada también, quedo juntar un poco lo que había quedado sobre la mesa. La noche era cerrada aunque apenas eran las 21:30, subimos nos acomodamos, y en instantes ya era un concierto de ronquidos, los miedos de Mariano a que lo pisara mientras iba al baño se disiparon por la buena disposición que le dio a su colchón.

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A la mañana siguiente el primero en bajar fue Carlos que se puso a tomar unos mates con Manuel, después siguió Mariano, Dany y yo, entre mate y mate fuimos armando nuestros petates, Dany se preparo un cappuccino como un experto, cargamos, acomodamos y aseguramos la carga en nuestros cuatris, nos despedimos de Manuel, Carlos lo invito a que nos visite, para compartir un asadito.

Y así arrancamos con camino mojado y bastante barro por la lluvia de la madrugada, ya con luz diurna veíamos por el centro del valle allá, en el fondo esperándonos, esa gran montaña que la conocíamos negra, ahora solo en la base ya que en la parte alta estaba veteada de blanco por la nieve.

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El aire era frio y se hacia notar, nos quedarían unos 8 o 10 quilómetros para la Estancia las Cumbres, luego cruzar un puente y un brazo del rio por el cauce, a medida que avanzábamos nos acercamos mas al nivel del rio, se lo veía barroso y algún palo de vez en cuando aparecía en la superficie para desaparecer otra vez, todo indicaba que en la alta montaña había precipitado mucho, seguimos esperando encontrar lo peor, cuando llegamos al puente de las Cumbres era preocupante ver el agua crecida casi hasta tocar la parte inferior del puente, y unos metros más adelante estaba el otro brazo a cruzar, este sin puente, estaba algo crecido pero más cristalino, ese cauce era nuestro rumbo y parecía que no había precipitado tanto para ese lado.


Cruzamos el puente sin problemas, el vadeo siguiente se hacía complicado por la turbulencia del agua que a pesar de ser cristalina no dejaba ver el fondo, el que conocíamos de piedras de gran tamaño, del grupo quien corría mayor riesgo era Dany con el Warrior que podía colgarse complicando el cruce, así y todo no fue fácil pero se hizo con la ayuda de una linga tirada por Mariano en su viaje inaugural del Polaris 500, mas adelante caeríamos en cuenta que era más seguro hacer los cruces que quedaban enganchado antes de cruzar eso evitaría la mojadura cuando en ese momento era vital permanecer seco.

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Deberíamos ir por donde lo habíamos hecho en diciembre de 2007 hasta llegar a PuestoVacio antes de decidir por donde cruzaríamos, llegamos sin problemas al lugar, un puesto muy bien instalado, Carlos y Mariano fueron a ver una alternativa (supuesto cruce Verlika) según algunos mapas y publicaciones, mientras que con Dany encendimos la cocina limpiamos unos trastos, calentamos los choris que iban precocidos y el pan. Después de una comunicación por VHF donde Carlos comentaba de una morera les cerraba el paso y emprenderían la vuelta, justo para comer, lo hicimos con jugo, lo que quedaba de vino seria para la noche, tal vez en El Calafate, una comida caliente cayó bien, Carlos hizo su siesta aprovechando unas camas que había. Dejamos todo ordenado y limpio. Pensamos que ese lugar nos puede salvar las papas algún día, es habitable, tiene una reserva de leña importante, cocina y tres camas.

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Eran cerca de las 3 de la tarde cuando reanudamos la marcha, decididamente por el camino que conocíamos al cruce "Sin Nombre", el terreno estaba cargado de agua que se deslizaba desde las montañas que forman el desfiladero, no tuve la sensación del viaje anterior cuando lo descubrimos, sino que por momentos parecía otro terreno, quizá el color de la luz, la intensidad de los negros por el contraste de la nieve, todo hacia que en el mapa que tenias en la cabeza por momentos estaba compuesto por imágenes parecidas o tal vez de un lugar aun por conocer.

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Llegamos a punta opuesta del valle, allá en el otro extremo como un alfiler sobre un gran helado de limón se veía el Hito confundiéndose con el cielo. Nos acercamos lentamente por el difícil terreno hasta llegar a las mesetas, aquellas que subimos alegremente hacia un par de años, ahora se veían raras con los manchones de nieve, es como que terminamos subiéndolas con una estrategia diferente a la de aquel día, pero llegando victoriosos a la cima. Desde ahí mirar en 360 para absorber todo ese paisaje, como que con tus ojos solo no alcanza, y usas los ojos de los que están con vos para poder ver todo.

 

En aquella oportunidad, Carlos, Fabricio y yo bajamos por un lugar aterrorizante que potenciaba el stress de todos los momentos, sin embargo Enrique había bajado por un lateral que le había parecido mas potable, así que buscamos por nuestra izquierda y encontramos por donde bajar casi tranquilamente, ahí comenzó la marcha en ese difícil valle.

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En mi GPS estaba cargado un pequeño trozo del tránsito por ese valle, al acabarse estos datos tenía claro cuál era el rumbo para llegar al rio Centinela, lo que también sabía es que no sería una línea recta por la cantidad de valles y sierras que había que cruzar, puse la proa en el rumbo y solo cambie el curso cuando era imposible seguir derecho. Al tomar altura el terreno estaba húmedo, la arcilla se mezclaba con la granza haciendo de todo una verdadera inmundicia. Llegamos asi a un punto que nos pareció conocido a Carlos y a mi que éramos quienes habíamos hecho el cruce, pero faltaba definición y certeza, las referencias eran muy pobres y había elementos cambiados o que se veían muy diferentes. Alcanzamos un punto donde teniendo en claro el rumbo todo era un abismo por delante nuestro, hubo algunas opiniones que sugerían rodear por una montaña que veíamos a unos kilómetros, fuimos hacia ahí encontrándonos con una gran grieta de agua y roca que nos cortaba el paso, descendimos con dificultad incluso moviendo obstáculos para poder maniobrar, cuando llegamos abajo, no estábamos mejor ubicados que antes de iniciar el rodeo. Intentamos por varios lados consumiendo las preciosas horas de la tarde, una y otra vez pasábamos por el mismo lugar metros más metros menos, según lo mostraba el GPS. Buscamos un lugar que nos reparara del Oeste y armamos el campamento en una depresión coronada por esas rocas de gran tamaño, que por su mayor dureza resistieron la erosión del viento por miles de años viéndolas hoy como dientes de sierra gigantes en los filos de la montaña. Justamente contra una de esas paredes iniciamos el fuego, decidimos armar dos carpas de las cuatro para mantener mejor la temperatura, y no exponer tanto equipo a mojarse en caso que precipitara, estábamos bien ubicados, aunque de vez en cuando el viento se cruzaba con gélido paso.

Comimos algo de carne con pan, y el vino que quedaba al que hubo que templarlo un poco cerca del fuego, para exaltar su sabor, en la charla de la cena decidimos hacer borrón y cuenta nueva, en la mañana volveríamos al valle y obviamente al rio para seguir su curso buscando llegar al Centinela por este, la idea era buena solo que recordaba algo del rio del viaje anterior que nos hizo ir cerro arriba y evitarlo, pero ni Carlos ni yo lo teníamos claro. Tomamos unos Cappuccinos y nos fuimos a dormir con un cielo descubierto, una temperatura de unos puntos bajo cero, anunciando una fría mañana pero quizá soleada.

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Como diría la canción, fueron todas mentiras, la mañana era gris, húmeda y fría, desde la altura en la que estábamos se veían tres frentes de tormenta que avanzaban canalizándose desde tres valles que convergían sobre nosotros. Levantamos todo lo rápido que se pudo, y reempacamos esperando lluvia, de hecho se veían las hebras de agua formando como cortinas en la distancia arrastradas por un viento no muy fuerte del NO. Dany tomo la delantera buscando un descenso lo menos accidentado posible hasta el rio, no tardamos mucho en encontrarlo. Cuando la lluvia comenzó, complicaba un poco la marcha sobre el pasto ya que la adherencia se torna poco confiable en el apoyo lateral o en el uso de frenos, cuando las pendientes son importantes. Fue en una de esas maniobras que Dany perdió el cuatri dentro de un chorrillo. Llegamos al rio y lo seguimos corriente abajo hasta llegar a un pórtico de roca imposible de pasar, si bien la estreches no era limitante para los cuatris si lo era su profundidad y la cascada que se despeñaba entre grandes rocas... Me pareció recordar en ese momento que alguien de nosotros, posiblemente Enrique lo había advertido con el monocular y no llegamos hasta ahí. Entonces retrocedimos y no mucho mas allá de donde bajamos encontramos una suave pendiente que nos permitiría subir, coincidía la distancia desde donde el pórtico se veía como lo podríamos haber visto en el viaje anterior, desde ahí podría haber hecho Enrique su observación, sin pensarlo mucho otra vez hacia arriba, en esta oportunidad bajo la lluvia que por momentos era intensa, sin embargo subimos mas rápido que cuando bajamos y podíamos ver las huellas del día anterior, al punto tal de ver en la distancia un montón de pisadas nuestras que dibujaban el barroso escenario.

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Así sin mas de pronto estábamos en ese mismo lugar donde ayer habíamos estado y era ese el lugar por donde descender, si bien los primeros cientos de metros parecen mas para un parapente que para cuatris. La intensa lluvia hacia que los vehículos por momentos se deslizaran en ese barro de caliza molida quitándote la capacidad de maniobra, había que anticipar según el piso como se comportaría de acuerdo a lo que pisara, vencidas las primeras pendientes, la adrenalina bajaba un poco por momentos, los chorrillos corrían con furia por el extra de la lluvia a su natural y lento aporte del deshielo, cuando ya se veía alla muy lejos como un hilo negro el rio Centinela tuvimos que retroceder y movernos a la sierra inmediata ya que por donde veníamos era imposible de seguir, esta fue un transito fácil y nos fue acercando sin mayor inconveniente hasta la vera del rio, en esta aproximación el barro era muy pesado y resbaloso, a punto que Dany quedo inmovilizado en un barranco antes de llegar al rio, haciéndole de ancla humana pudo bajar, aunque creo que de poco sirvió, no podía sujetarme al piso y el Warrior me arrastró como si me llevara esquiando.

 

Sin dudas esta huella tiene un trazado espectacular permite un manejo rápido y deportivo, aun en las condiciones en que estaba, el neumático se perdía por momentos dentro del chirlo barro, había tramos en que lo venía haciendo muy rápido y al momento de desacelerar por un incidente del camino, el quad se cruzaba teniendo que acelerar nuevamente para mantener la dirección y safar de la situación como se podía y no terminar en la banquina o peor. En un cruce decidí esperar al resto y me di cuenta de cuan mojado estaba; al mirar la huella que venía dejando, y el tiempo transcurrido sin ver al resto pensé que a Dany se le tendría que haber puesto feo con el Warrior, las ruedas traseras te tiran barro a la cabeza y las delanteras a la cara, un rato después los vi a lo lejos venían los tres juntos muy lentamente, cuando ya estaban más cerca no se podía identificar a Dany salvo que se asumiera que esa bola de barro eran el negro con su cuatri y equipaje, todo hecho una sola cosa, cuando se detuvo, me di cuenta que su visión estaba prácticamente reducida a nada, y se quejaba de inflamación en los ojos por toda la inmundicia que le había entrado cuando en un momento que se quito las antiparras para ver algo.

Hizo un tramo fuera de la huella porque era difícil salir desde cero estando en la traza, aun en doble avanzaban hacia abajo mas que hacia adelante.
Las tomas fotográficas se fueron reduciendo en la medida que estábamos mas mojados y embarrados, era imposible tocar algo aun sin guantes sin embarrar o mojar lo que se tocara...

La lluvia arreciaba eran ya las 17:45 cuando vi la ciudad desde lo alto, apure el paso y me detuve en la estación de servicio a las 18:05, minutos después llegó el resto del grupo previo contacto radial.

Evaluamos la posibilidad de seguir pero todo estaba sujeto a si Dany recuperaba su visión la que al momento lo estaba matando por el ardor. Después de tomar unos cafés, se le consiguieron unas gotas para los ojos, y con sucesivas aplicaciones se consiguió mejorar un poco. Yo tenía algo de frio, me había sacado la campera para que escurriera el agua en el piso y no encima mío, las botas me traían mal ya que el agua que corrió por el interior de las piernas llenaba las botas, les quite el agua, y las ajuste mas suavemente para favorecer la circulación.

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Cuando se decidió emprender el regreso, viendo que Dany estaba mejor , ya casi no quedaba luz, la vuelta seria por la ruta en Semana Santa y de noche, el tramo mas complejo estaría entre El Calafate y El Cerrito, de ahí nos desviaríamos por camino de tierra de hecho con menos transito.

Me quite el buzo quedando solo con la camiseta con la intención de colocarme el chaleco eléctrico, este da calor sobre la zona renal y pectoral, si conseguía subir un poco la temperatura de la sangre me ayudaría a compensar la pérdida de temperatura en las extremidades. Previendo una situación, había dejado en la mañana el chaleco doblado dentro de una bolsa que creí impermeable, no lo era, cuando desplegué el chaleco era como una toalla que se te cayó al agua, Dany me dice ¿qué vas hacer ahora? La respuesta no se hizo esperar, respire profundo y me lo puse, la sensación fue como tirarte un balde de agua helada encima, me volví a poner el buzo mojado encima, otro que sobrevivió seco, y la mojada y pesada campera, me quedaba un haz en la manga, tenía una capa marca Duve que la tengo hace mas de 20 años siempre va y viene, esta vez se luciría, me la puse encima de todo y Carlos me ayudo a atarla con un elástico para que no se infle en la ruta. De los tres pares de guantes mojados que tenia opte por unos que tienen una membrana interior que junto a los calienta puños se combinaban bien. El negro no tenía mayor problema por el tipo de campera y las mangas que cubrían las manos en el manillar. Carlos estrenaba una campera que resulto súper eficiente en cuanto a la impermeabilidad. Mariano tenía una dotación completa de ropa así que tampoco se la vio tan mal.

Pisamos la ruta en medio de un montón de gente que huía del lluvioso fin de semana, y otro tanto que volvía a su lugar de residencia, era difícil manejar con la lluvia y las luces que venían de frente, trataba de mantener los 70 Km en la hora para hacer una media que nos sacara lo antes posible del asfalto. Pasada la subida de Migues vi en el retrovisor señas de quien iba detrás al detenerme en la banquina vi que era Mariano, este al no ver a nadie detrás de si pidió la detención, en unos largos minutos se nos unieron, aparentemente una falla eléctrica atribuida al agua en uno de los cuatris.

Por momentos era difícil mantener el visor bajo y había que levantarlo, auto escurrir los guantes para ganar algo más de temperatura, con el andar el chaleco hacía sentir cada vez más el calor que generaba, a pesar que veníamos con 5 grados lo que a esa velocidad y humedad son un efecto bajo cero de unos cuantos grados.

A los pies los traía bailando sobre los pedalines para darle algo de movimiento con alguna canción que se me ocurría de tanto en tanto. Cuando tuvimos a la vista el puesto fijo de Vialidad Provincial, encaramos una parada para reabastecer, sabiendo que también contaríamos con algo caliente que tomar, en los años que llevo en la zona estos puestos y su gente siempre han sido silenciosos apoyos en cada salida. Y así fue calentamos agua alguien andaba con sobres de Vitapirena que por sus compuestos reaniman y confortan y en una taza grande circulo entre nosotros y sorbo a sorbo nos acomodo para el próximo tirón "Tapi Aike".

Nos despedimos del encargado del lugar y le dejamos unos bidones ya vacios para aligerar mas que peso volumen del cuatri de Mariano.

Ya sobre la tierra no llovía, nosotros sabíamos que mientras lloviera no bajaría la temperatura, ahora todo podía suceder, la visibilidad no era buena en la distancia , por momentos lo único que te daba algo de seguridad era el dibujo que la motoniveladora podría haber dejado en la banquina en alguna pasada, la media bajo a 60 Km en la hora y sabia que no manejaba con seguridad, en algunas curvas o descensos dudaba hasta los últimos metros para asegurar la maniobra, por tramos se veía los cristales de hielo que se iban formando sobre el piso. Cortando clavos llegamos a destino, enseguida se pusieron todos los calefactores al máximo y agua a calentar, los pies en realidad me dolían mucho, pero no iba a descalzarme preferí estar en movimiento, puse a secar los guantes, trasvasé algo de combustible, me puse a reparar una rueda pinchada o desinflada , gracias al aviso de de uno de los integrantes de esa comisaria, fui y vine 20 veces tome café, volví a salir camine por ahí, hasta que el dolor cedió y se sintieron menos fríos.

Ya con los pies mejor y un par de brutos cafés, subimos a la ruta, que por conocida hicimos un promedio de 80 Km por hora. El hecho de pensar en llegar a casa y sacarte todos esos kilos de ropa mojada y darte una ducha caliente era incentivo para alcanzar la última milla. Y así fue llegamos bien y sin problemas, para nosotros era como llegar a las nueve de la noche para los que estaban en casa eran las 02:45, la hora de verdad...

Reeditado febrero 6 de 2014 Parece contradictorio pero quiero mas..


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