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Cuando ya casi se terminaba el año y apenas pasadas las Navidades, nos pico el bicho de intentar una vez más el cruzar los Baguales con destino a El Calafate.

Ya van varios años con esa idea a flor de piel, el hacer ese cruce, y establecer la marca de haberlo cruzado con vehículos de 4 ruedas, lo mas prolijo posible.

El Último intento concreto lo hicimos hace un tiempo, allá por el 2003.En ese recorrido éramos tres, Enrique, Dany y yo, la ruta la habíamos trazado desde Rio Turbio hasta la Laguna Vizcachas pasando por la estancia Coronel Guarumba.

 En ese tiempo usamos la primera jornada hasta ponernos al pie del cráter que contiene la laguna, acampamos azotados por el viento y amanecimos de la misma manera.

Para ese viaje yo había construido un carro pequeño de dos ruedas para llevar parte del equipo necesario y que era común a los tres y mi Warrior lo llevaba bien a costa de un consumo de combustible algo mayor que el de los demás. Subir desde la Laguna a lo alto del cráter se puede hacer por una sola vía. Esto lo habíamos descubierto con Carlos unos años antes explorando la zona por si algún día era necesario ascender a la meseta. Se trata de subir por una morera que en algunos momentos se ramifica en varios brazos, algunos profundos, imposibles de vadear lo que te obliga a retroceder e intentar por otro lado, de un modo o de otro siempre estas transitando sobre grandes piedras marrones metalizadas algunas de ellas, y en la mayoría de los movimientos te estás apoyando con los protectores del chasis, estos los habíamos construidos a modo de patines en toda la extensión el chasis incluyendo las parrillas inferiores. Lentamente fuimos llegando a la cima de la Meseta de Vizcachas, una vez arriba comienza la desolación, es una gran extensión llana, el piso es esponjoso como de turba seca lo suficientemente blando como para que con el peso de una pisada se marque.

Teníamos una marcha de unos 32 km hasta llegar a un barranco donde estaríamos cambiando de la Meseta de Vizcacha a la Meseta del Italiano un trámite algo complicado por la velocidad con la que avanzábamos la que era muy lenta. Lamentablemente no hay registro fotográfico del intento solo habían quedado unas pocas y malas fotos en época de cámaras clásicas de impresión en película.

Siempre estuvo presente una extraña sensación.., parecía que estábamos más alto que el resto del cordón montañoso, la marcha se hacía más pesada cuanto mas avanzábamos, el piso se iba alternando entre turba, piedra de pequeño tamaño a inmensas bolas de piedra. Cada tanto aparecían como ríos de piedra casi a nivel del piso que serpenteando el terreno dibujaban extraños surcos de rocas esféricas de color marrón algunas tornasoladas, y con un constante cauce de unos seis metros de ancho.

En varias ocasiones nos encontramos con formaciones de Coirón gigante, más alto que nuestros cuatris, lo que nos obligaba a rodearlos, en algunos casos por varios kilómetros.

Era la primera vez que caíamos en el autoengaño de creer todo lo que se nos dice respecto a esta travesía, en particular que bastaba con tomar altura y ya se vería El Calafate, lo más triste es que tampoco sería la última vez en que fundáramos esperanza en tales aseveraciones.

Las horas iban pasando y la ansiedad nos presionaba, habíamos hecho en el rumbo correcto solo unos 12 kmts de los 32 que nos cambiarían de la Meseta de Vizcachas a la del Italiano por razones de terreno y la ansiedad mencionada fuimos derivando el rumbo hacia el este, y el terreno nos obligaba a circular al paso. Así llegamos a lo alto de una ensenada, la que había que cruzar pero para ello era necesario bajar; eran unos cientos de metros y bastantes accidentados, lo suficiente para romper el anclaje del chasis del carrito que insistía en pasarme en la aguda pendiente, cuando las rocas lo descolocaban y me quería pasar por encima, llegado al pie de la montaña improvise una forma de sujetarlo, pero era una situación que arriesgaba y comprometía la travesía. Porque lo que venía por delante parecía peor a lo transitado.

En esa zona encontramos una huella que nos acercó hasta un puesto de estancia en el interior de la ensenada. Donde nos dijeron que había un casco a unos Km. donde podíamos soldar el anclaje. Seguimos por la huella según nos indicaron, casi tan áspera como andar campo traviesa, cada tanto tenía que acomodar el eje en el chasis que se cruzaba con mucha facilidad con los tironeos de la marcha. Así llegamos a la estancia tan esperada, y a juzgar por lo que se veía en el acceso fue una chispa de esperanza, visto que tenía hasta farolas de alumbrado lo que hacía suponer que contarían con grupo electrógeno y seguramente dispondrían de una maquina de soldar eléctrica y esta nos sacaría del bardo en que estábamos, lo patético fue encontrarnos solo el caserío, sin nadie que la habitara ni signos de presencia humana desde hacía algún tiempo, visto que los desperdicios domésticos que había en un par de tambores tenían una larga data.

Decidimos seguir la huella en el mismo rumbo, ahora un poco mas transitable, pasaron unos buenos Km hasta que vislumbramos la cinta negra del asfalto en el horizonte que corría hacia El Calafate, terminamos saliendo a unos 10 Km del paraje denominado El Cerrito donde sabíamos de un Puesto fijo de Vialidad y por ende la posibilidad de reparar. Llegamos al puesto y la gente con su buena disposición natural nos ofreció de todo menos una soldadora por no tenerla.

Una nueva decisión esta vez la opción era retornar por la cortada, y emprendimos la marcha cuando ya se acababa la luz. Fue una de las primeras experiencias de marcha nocturna; con un par de riendas improvisadas pude mantener centrado el chasis del carro y hacer un buen promedio sobre la huella que nos trajo hasta casa.

En este recordar intentos del cruce Turbio / Calafate no debo olvidarme que algunos años antes habíamos hecho una incursión con varias motos y un Jeep como apoyo.

Nos divertimos un montón... Nos tomamos toda la cerveza... Nos comimos el asado... Prendimos fuego el Jeep... Pero no llegamos... Al segundo día amanecimos bajo agua y nubes que no nos permitían ver ni el pie de las montañas más próximas... En esa época los integrantes fueron Ale Moscoso y la Chola Alvarado como piloto y copiloto del Jeep, Chano Aramini, Marcelo Álvarez, José Luis May, Daniel Campuzano, Gendarmería que se nos sumo con una moto al pasar por Cerro León y yo cuando aún salía en moto.

 
  image152 El 26 de Diciembre del 2005 hicimos una nueva salida hasta Verdadera Argentina y de ahí miramos algunos pasos para hacer algún día la crónica esta en bitácora...  
 

 

 

 

Así llegamos al 26 de Diciembre de 2007, casi como en 2005 Carlos, Fabricio, Enrique y yo.

Salimos cómodamente empezada la mañana, en la marcha de ruta Carlos perdía algo de aceite... Bueno el TRX , era que a bastantes vueltas atomizaba algo de aceite por algún misterioso lugar no definido, lo que manchaba la bocamanga derecha de Carlos. Con recién inaugurado lavadero el problema estaba minimizado a unos líquidos que son buenísimos para ese tipo de inpregnantes.

Fuimos hasta cancha Carrera para hacer un control y seguir a la Estancia Rupai Pacha por la tierra, y desde ahí a Verdadera Argentina, todo el transito se realizó sin novedad, hasta que marchando último lo veo en la distancia a Enrique pero apuntando en dirección contraria, cuando me acerco puedo ver como uno de los bolsos había sido atacado ferozmente por algún animal salvaje de esos que no se ven en la zona, cuando me interiorice de los hechos había sido que el bolso en cuestión iba sujeto en la parrilla delantera el que al soltarse terminó debajo de la rueda delantera haciendo explotar algunas latas de cerveza pinchando botellas de gaseosa las que tomamos antes que fueran riego de tan árido piso. Con lo que quedaba del bolso se reempacó lo recuperable y de vuelta en el sendero.

  
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  Así llegamos a Verdadera, la tarde era espectacular, nos tomamos unos mates con Juan Pablo, saludamos al Mudo, y comenzaron las instrucciones del bendito cruce, otra vez la historia de es ahí nomás, subís y lo ves. Si bien uno sabe que hay 40 y tantos Km en una línea recta virtual totalmente montañosa y que El Calafate esta en un bajo que no podes ver y que Moises para un Kilometraje parecido tardo 40 años... Si ya se él no tenia cuatri, en síntesis, son tantas las ganas y tan intenso el desafío, que crean la esperanza que son el motor que te va a llevar a pesar que la razón te dice otra cosa.  
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Salimos de los límites de la estancia hasta franquear el río... Y a pocos metros establecimos campamento, comimos un buen asado, y tomamos buen vino. Dormimos con agradable temperatura y amanecimos de la misma manera.

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Una vez que levantamos el campamento, empezamos una marcha donde deberíamos tocar algunas estancias e ir pasando sus tranqueras con rumbo Oeste hasta Zanja Honda, de todos estas charlas con la gente del lugar se encargaba "El Lenguaraz" bautismo que recibiera Carlos para esta ocasión especial en que era necesario fraternizar con la gente del lugar.

Después de cruzar por algunos kilómetros campos de mata negra arrasados por el fuego que habían dejado agudas puntas afiladas que amenazaban constantemente nuestros neumáticos, nos fuimos acercando hasta que cruzamos el caudaloso río donde nos refrescamos repusimos agua y luego nos subimos a una huella siguiendo las instrucciones que nos habían dado, fuimos por un sendero de cornisa que me pareció buenísimo con unas vistas espectaculares, pero no puedo de dejar de comentar que la situación era un tanto comprometida por momentos en lo que refiere a que hicimos algunos tramos casi sobre la línea limítrofe según mostraba el GPS, y no siempre la línea teórica va de la mano con la practica dados los accidentes del terreno. El sendero de cornisa empezó a unos 300 metros de altura con respecto al rio y nos fuimos internando hasta llegar al mismo nivel del agua después de andar unos 15 kilómetros, siempre en la paralela fronteriza como apreciación optimista de nuestro curso.

Desde ahí a nuestra derecha las paredes montañosas eran cosa seriamente verticales, lo que nos llevo intentar siguiendo un afluente de caudal menor de este río hicimos unos pocos kilómetros hasta que nos fue encerrando, para seguir había que descolgarse hacia un lugar que parecía no tener futuro, Enrique encaró mientras para no bajar todos por lo estrecho del lugar nos quedamos esperando novedades del explorador, aceleradas y detenciones... silencio, no había respuesta de radio, así que seguimos esperando y nos pusimos a comer la ración sanguchosa que llevábamos, los minutos pasaban y de tanto en tanto se oía el motor de Enrique, ya estábamos guardando todo cuando aparece, nos dijo de todo porque se había quedado atrapado y no lo socorrimos?? Al preguntar porque no contestaste la radio, Dijo: cómo iba a contestar si la tenia apagada!!! Pensé en partirle algo groso por la cabeza pero no había nada a mano, obviamente tenía razón con la radio apagada no podía contestar, ni llamar!! cierto. Nos encolumnamos para deshacer nuestros pasos hacia la bifurcación del río nuevamente.

         
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Fue idea del Lenguaraz retroceder unos kilómetros para hablar con un paisano que habíamos visto al pasar, cuando llegamos al caserío este preparó unos mates gustosos, mientras lo atosigábamos a preguntas sobre nuestro objetivo de llegar a El Calafate, este hombre nos cuenta, que su patrón a menudo hacia ese recorrido en su camioneta, que era un rato nomás... Pero lo decía en ese peligroso idioma gauchesco sea del lado que fuera que estuviéramos de la frontera, del no... no... zi... zi... ahicito, nomas, clarhuu , y te estás jugando la vida, después viene: "el yo nunca jui.. "Pero mirándome al entrecejo me dijo: en la segunda subida a la derecha del río... Por ahí hay que subir... No en la primera sino en la segunda... Pasen por el corral por ahí se va parejito... Yo hasta ahí conozco nomás, el finadito patrón hacia las compras en Calafate y volvía en el día.  

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Yo ya veía las profundidades de averno cuando la subidita a la derecha se pusiera pareja. El educado Lenguaraz compartió unos mates más, mientras el resto abastecimos los cuatris. Y volvimos a salir hacia el fondo del cañón. Seguimos más allá del corral como nos dijo el paisano, lo único que había a la derecha eran montañas de paredes verticales como las que veníamos viendo desde el cruce del Zanja Honda, se podía ver alguna marca antigua en el terreno que se adentraba entre inmensas montañas, alguna de ellas con pequeños ventisqueros y drenando agua con componentes de oxido de hierro por doquier, por momentos era emocionante ser tan pequeños ante tan hermosa configuración del terreno, pero la preocupación no nos abandonaba, el sol se ponía y había lugares realmente oscuros en esa maraña de laberintos montañosos. Llevábamos casi 12 horas de marcha y recién estábamos en el paralelo de Verdadera solo que del otro lado de las montañas, mi prioridad personal era que de alguna manera saber con certeza que dormiría en territorio Argentino.   b6 b7
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Cuando salimos a cielo abierto por llamarlo de alguna manera era un diseño arenoso y en rampas ascendentes a lo lejos se veía un gran bloque negro que sobresalía por sobre el resto de las montañas. ¿Parecía conocido pero de donde? Mientras en mi confundida cabeza hurgaba por información de ese bloque oscuro con un corte en chaflán en su cresta, Carlos dice: Ese es el Cerro Verlika... Lo vi en una foto, sabíamos de hecho que en las proximidades del cerro había un Hito y por ende íbamos a estar seguros de donde dormiríamos esa noche.

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Seguimos avanzando hasta ver el Hito en lo alto a unos kilómetros de nuestra posición, el terreno eran como terrazas por momentos inclinadas de material arenoso con guijarros esparcidos por doquier, nos reunimos para elegir una estrategia de ascenso, debíamos pasar de terraza en terraza hasta quedar enfrentados a la pendiente que nos llevaría hasta la cima. Fue más fácil y divertido de lo que suponíamos, merodeamos por el hito y miramos lo que seguía, así como había resultado fácil el subir nos encontrábamos sobre un filo que había que descender, era bastante irregular y accidentado, entre 800 y 1000 metros Carlos empezó a bajar y cuando dio cuenta que era peligroso intento retroceder con marcha atrás, pero la pendiente hacia que a pesar de estar estrenando cubiertas bien agresivas solo consiguiera hacer un pozo, pero sin moverse de donde estaba, entonces vino el plan ¨B¨ o sea seguir bajando, yo después de intentar por otras partes opte también por el plan ¨B¨ creo que fue lo mas estresante del día, bajar con el mamotreto de 300 kilos despegando alguna rueda del piso de vez en cuando, le frunce el cerebro a cualquiera.   b9 b10
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Nos agrupamos en la base, que era el eje de un valle, y que por el debíamos avanzar, por la propia distribución del terreno nos fue encajonando debiendo subir de vez en cuando a las laderas, después de una hora para recorrer una relativamente corta distancia debimos tomar altura nuevamente, desde esa atalaya natural vimos entre dos importantes montañas y a lo lejos el espejo de agua de un lago. Después de estar encima de montañas y precipicios el ver agua, susurra en tu mente la llanura, lo liso, parejo, no accidentado, a fin de cuentas la posibilidad de vida, de huella...

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Me di cuenta que todos estábamos viendo como bajar para circular rumbo al agua, la realidad nos hizo poner bajo llave las ilusiones..., estábamos en realidad muy alto con respecto al agua, y también de la tierra firme que nos podía llevar hasta ella. Trate de buscar una referencia, una mata un arbusto cualquier cosa que me diera idea de proporción, pero todo era muy relativo o inmensurable.

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A todo esto a ese valle convergían unas formaciones de cuchillas, de altura considerable de estructura piramidal mostrando verdaderos filos en sus crestas que estaban adornadas por bloques de color marrón oscuro simulando el lomo de algún animal prehistórico, evidentemente la formación del tipo arenisca era modelada por vientos que se encausaban desde lo alto de la montaña por el valle creando las figuras antediluvianas que veíamos. Todo muy lindo pero era un obstáculo que echaba por tierra nuestra intención de bajar, eran ya cerca de las 21... era mejor acampar, llevábamos ya mas de 12 horas de marcha y mañana no sería más fácil que hoy, a pesar de eso Enrique intento descender y de hecho lo hizo por unos cientos de metros, hasta que volvió en vista, que de cerca era más complicado de lo que supuesto. Encontramos un espacio con pasto en lo que parecía el escalón de una cascada en época de deshielo, había buen reparo del viento, esa noche tendríamos un Bufet froi... (O sea lo que quedaba y que no había que cocinar)ya que no había ni animo, ni leña para encender un fuego, armamos las carpas, y compartimos la comida y un buen vino... Nadie hablaba de mañana, la mente manejaba guarismos inusuales, ya que el instinto decía hay que bajar hacia el agua, la razón indicaba un rumbo al este... Imposible por las sierras cuchilla, y la única opción era subir más aun y sortear las cuchillas rodeándolas por lo alto y eso iba en contra de toda razón.

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Creo que todos dormimos bien salvo los habitantes naturales del lugar que hacía varios milenios que no escuchaban tal sinfonía de ronquidos y quejumbrosos sonidos.

Hago mención a los habitantes naturales porque con gran asombro veía que los pájaros se acercaban a distancias no vistas habitualmente, caminaban entre nosotros, y parecía que se dijeran: Mira estos bichos que mansitos nos acercamos y siguen entre nosotros como si nada.

 
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Cuando amanecimos prevaleció el silencio, cada uno en lo suyo como en una extraña y silenciosa oración clamando por el nuevo día, se desarmo el campamento, se cargaron los cuatris, redistribuimos el combustible alistándonos a salir, esa mañana Fabricio presentaba un cuadro febril, lo que obligo a medicarlo. De pronto estábamos en marcha subiendo con un entusiasmo renovado, hicimos algunos km y fuimos rodeando los filos y alejándonos del valle, así llegamos a un borde para mí fue el borde de la vida... Porque digo esto, es que veníamos desde hacía casi dos días entre piedras y arena y de pronto allá abajo había un verde espectacular, y eso es agua cerca, y si hay agua hay vida, y todo lo que ella trae.  

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El descenso no era fácil, era muy largo y se veían escalones de terreno de vez en cuando, ahí note que Fabricio terminaba con el estado febril, casi más atribuible al estrés extremo que a un estado del tipo gripal. Fue él, el que alegremente comenzó el descenso buscando los lugares más convenientes. Con el odómetro conté 9.5 km desde el filo superior hasta la llanura de la base. Desde ahí hicimos un par de maniobras oblicuas al rumbo para esquivar una montaña y llegamos a un río y por ende a una tenue huella que marchaba paralela cruzamos el río unas cuantas veces, algunas de cruce profundo, el GPS indicaba que estábamos dirigiéndonos más al oeste de lo debido nuestro rumbo era 90 grados "Este" del curso que estábamos realizando, hubo una huella que cruzamos que tenía el rumbo buscado, pero la decisión de la mayoría fue seguir por dónde íbamos, de hecho nos estábamos alejando de El Calafate , pero como el único río que hay en esa zona y dirección y si la huella lo seguía hasta el final primero llegaríamos a la ruta antes del cruce a punta Banderas.  146 a24
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En un momento la huella se separo del río que se internaba al Oeste eso confirmo que se trataba del río Centinela . Veníamos viajando algo espaciados por la cantidad de polvo en suspensión cuando vimos a lo lejos la ruta de tierra que conecta El Calafate con el Lago Roca pasando por varias estancias. Nos subimos a la ruta con tanta tierra como en la huella y así llegamos a El Calafate, Fabricio celular en mano estableció contactos, nos pudimos lavar la cara, conseguimos pan y cargamos algo de combustible colas por medio, fuimos con un calor bruto hasta Río Bote donde paramos para comer algo, Carlos hizo su siesta, y después de un rato salimos, fuimos por pavimento hasta el cruce del Cerrito y de ahí por la cortada hasta Tapi Aike, y otra vez pavimento hasta casa.  a00419 ab2
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Carlos

En lo personal tarde unos días en que me caigan las fichas sobre lo vivido, la conclusión es que fue unaexperiencia extrema en algunos momentos, que el estado físico es 

Enrrique

importante, pero más aun el mental, ya que a mayor presión mayor miseria es la que aflora, el entender al otro y entenderse hace la diferencia.

Ya estamos en Mayo... Estoy terminado de escribir y corregir el relato, y aun pasado unos meses se siguen elaborando ideas y se reflexiona sobre los "clics" que producen vivencias como esta.

Cerré los ojos y por un momento intenté hacer un recuento de cosas; de cosas vividas y por vivir; de valores positivos, de fracasos; y me di cuenta que hacía demasiado tiempo que no me encontraba conmigo mismo, que no le daba importancia a ese vagar por el interior del alma. Entonces continué internándome en el viajar hacia adentro y pude rescatar desde el fondo de mí ser todo cuanto hacía grata mi vida, todo lo que en realidad le daba sentido.

Norberto

No fue extraño comprobar que las simplezas y pequeñeces se agigantaron como esencia misma de lo valedero,de lo real. Y me dije que era una pena que no hiciese con más 

Fabrizio

frecuencia ese viaje hacia adentro, porque era la única manera de llegar a conocerme.

Penetrar en la selva interior del alma es un poco como sentirse explorador y explorado; es como ir sorteando obstáculos para detenerse en el peligro, extasiarse en el misterio y despertar en la sorpresa. Es trepar las montañas, llegando un poco a la cumbre y ver que con el vértigo no se sucumbe sino que, por el contrario, el espíritu se eleva desde muy adentro, desde las regiones apacibles del ser, y experimenta el sosiego de una paz infinita y anhelada.

Y en ese viaje, de pronto aprendí a amar los amaneceres cargados de sol, las noches pobladas de estrellas, el verdor del campo, el trino de los pájaros, la mirada curiosa de especies que desconozco su nombre, el cielo -porque su inmensidad y fuerza me daban el valor exacto de lo que soy-, el cielo interminable y gratuito que, sabiéndolo de todos lo sentí mío, me daba la dimensión cabal de que la tierra es sólo un préstamo, no se vende ni se hereda.

También comprendí en el viajar, que cada edad tiene su encanto si se la vive con integridad y plenitud. Así, desde el fondo mismo del alma fueron asomando los pasajes que hicieron grata mi vida y, en el recuento de cosas, el balance fue altamente positivo. Descubrí que podía sonreír y mirar al mundo con fe.

Y me alegré de escribir y explayarme en estas líneas para brindarlas a otros seres que tal vez al leer esto, se atrevan a sacar un pasaje gratuito al interior del alma misma.

Encontrarse con uno mismo es difícil en estos tiempos. Vivimos apurados, corremos todo el día, y en esos ratitos que tenemos libres hacemos cuentas o nos sentamos preocupados pensando en nuestras obligaciones o en cómo seguir...

Pocos son los momentos en que viajamos por nuestro interior... Pocos los momentos en que decidimos iniciar un viaje hacia adentro... hacia nosotros y de esa forma darle paso al encuentro...

Nos escapamos, muchas veces huimos, o simplemente no tenemos tiempo.

Pero es necesario que empecemos a encontrarnos, porque dentro de cada uno de nosotros hay un tesoro enorme que no apreciamos, que no valoramos, que ni siquiera sabemos que está ahí a la espera de que nosotros lo encontremos.

A veces no nos damos cuenta de que muchas cosas que buscamos ya están presentes en nuestro interior...o son inherentes a nosotros.

A veces nos desesperamos mirando a nuestro derredor... y no advertimos que una mirada introspectiva daría respuesta a nuestras incógnitas.

A veces lo que queremos conquistar ya está en nosotros bajo otra forma...

Seguramente encontraremos luz en lo que antes eran sombras...

 

Bitácora del 26 al 29 de diciembre de 2007


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