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Domingo 5 de Agosto de 2007 un día para no olvidar, la primer pregunta que puede surgir es porque, bueno... Esta historia comienza en el curso de la semana, cuando Carlos me comenta que venía Agustín "Su hijo menor" y que no podíamos dejar de salir a dar una vuelta por ahí y comer alguna carnecilla a la parrilla.

Para todo esto, el clima venia indefinido y benévolo, casi con un inminente deshielo en curso.

También durante la semana apareció German con un Fourtrax 200 Tipo II, esta noble creación de Honda, la había comprado hacia algún tiempo y tenía problemas de arranque con eventual cambio de batería en puertas. Después de cargar la batería y rehacer algunas conexiones de masa quedo arrancando al toque, le di una revisada en general como para darle a su dueño un panorama a futuro.

El hecho era que a la fecha no había salido a ningún lado salvo unos paseos cortos por Mina 1 y sus alrededores. Fue entonces cuando le dije: Che... German, mira nosotros pensamos salir el domingo a hacer una salida tranqui y comer algo por ahí ya que Agustín esta por acá... Confieso hoy, que me tembló la vos cuando dije tranqui esa palabra siempre antecede a cosas inusitadas, o por lo menos insólitas.

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El recorrido que había propuesto Carlos era una marcha por la ruta hasta un acceso a un lugar llamado "Puesto Blanco" al que ya hemos mencionado en otras oportunidades, comer algo ahí y retornar por los valles interiores hasta Río Turbio. Sin duda eran tres etapas bien definidas por sus características, el primer tramo de ruta, con el aburrimiento típico, el aire frío y los entumecimientos clásicos de la marcha monótona.

Una segunda etapa corta desde la ruta hasta el puesto, con barro, zonas de nieve, y grandes extensiones de hielo que se forman en las vegas anegadas.

Terminaríamos saliendo Carlos, Agustín, Germán, Enrique, y yo. El Negro se quedo porque el sábado a la noche tenía una "Noseque" lo que lo devendría en una situación tal que ni dinamitándolo sería posible sacarlo de la cama.

Terminada la Formula 1 nos concentramos en la YPF algo retrasados por un tornillo que le faltaba a Carlos, bueno... a la batería.

Nos encolumnamos y comenzó la marcha en la ruta con una temperatura mas alta que en Buenos Aires 8,6 Grados, pero un viento que te tiraba de un lado al otro del camino.

Yo iba cerrando la columna y delante mío Germán, el resto se había adelantado, aproveche la posición para mirar en detalle y en orden de marcha al Tipo II por alguna anomalía que se pudiera apreciar.

Con el asfalto totalmente seco llegamos hasta una tranquera en las inmediaciones del paralelo del Puesto, la cruzamos y comenzamos a recorrerla, tal como esperábamos, había barro, nieve y hielo por tramos, de pronto se abre ante mi una visión hermosa y panorámica de la zona a donde debíamos llegar, una multitud de pequeños valles, quiebres, hondonadas, y como arterias que irrigan un órgano se percibían los cursos de agua algunos congelados en su totalidad y otros en forma intermitente.

El detalle era que no veía el puesto pero el terreno era familiar, estábamos un par de kilómetros a la izquierda, y 400 metros mas alto de lo debido, lo primero no era mayor problema pero si lo último, la bajada se mostraba irregular y con visible barro blando, lo que hacía suponer que podías deslizarte totalmente bloqueado, por suerte fue una experiencia divertida, en realidad cuando uno sale con un debutante para estos terrenos trata de no hacerlo pasar por situaciones demasiado complejas donde termine diciendo "esta es la primera y última vez que salgo". Según cuentan los que pudieron ver su expresión, dicen que por momentos fue de alarma e indefección cuando el 200 empezó a bajar como mejor le pareció descartando al piloto como tal para transformarlo en solo carga. Esto son solo dichos yo no lo vi, si lo note las pálido cuando nos juntamos abajo, pero eso puede ser también acción del frío.

Así llegamos a la base del valle y tomamos un rumbo aproximado hacia el puesto, donde llegamos después de cruzar varios cursos de agua con dificultad media, solo en uno de ellos debimos improvisar un puente con algunas maderas que se encontraban en las proximidades. hielo12 hielo10
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Detalle mas detalle menos llegamos al puesto, donde nos encontramos con perros en los caniles señal inequívoca de que el puesto está ocupado, aunque no había nadie en ese momento.

Creímos prudente hacer el alto para comer en otro lado, ya que si bien no había nadie, si habría pertenencias, y por respeto a sus ocupantes que siempre manifiestan su hospitalidad cada vez que por ahí andamos seguimos camino deteniéndonos a comer un par de kilómetros mas adelante.

Improvisamos una parrilla con un aro metálico, y algo de alambre que recogimos en las inmediaciones del puesto ya que Carlos no había cargado su parrilla, y nadie se calienta por el tema ya que todos damos por hecho que el la trae.   

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Tampoco teníamos con que encender el fuego, el que fuma es el Negro, y nos soluciona ese problema.

Así que improvisando un hisopo y recurriendo al encendido del cuatri de German , se logro encender el fuego, y comimos la carne que estaba gloriosa. Y nos tomamos una botella de Pequeña Vasija, la que debía ser muy pequeña por lo rápido en que se terminó.

Luego de asegurar la zona apagando el fuego con la facilidad que nos dio la nieve que nos rodeaba, comenzamos la última etapa. Era sin dudas la parte mas compleja, la mayoría de los chorrillos crecidos, eso hace que no te deje ver con claridad las orillas, mucho hielo escondiendo accidentes del camino y lo que no se supone y te sorprende.

Eran cerca de 10 kilómetros para salir de la zona donde lo profundos chorrillos podían cerrarnos el paso, fuimos sorteando los obstáculos, en algunos casos ayudados por el hielo que nos creaba verdaderas pistas suaves donde por lo general son áreas anegadas y pantanosas.

De algún modo me preocupaba nuestra necedad de no aprender que cualquier salida puede tornarse complicada en el momento menos esperado, poniendo en descubierto algo de equipo que no se había cargado porque era una salida "sencilla".  

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A decir verdad veníamos a un buen ritmo gracias al hielo, nos quedaban un par de cruces sobre el chorrillo principal que en esta época tiene un corriente poderosa y es por lo general bastante profundo y con multitud de pozones vaya uno a saber de que profundidad, a esto hay que sumarle que hace un mes atrás estaban congelados, y que ahora con el deshielo existente el agua viene corriendo por encima del hielo a unos 70 cm lo hace que sea mas difícil estimar como se encara el paso.

Así fue que llegamos al primer desafío groso se veía correr el agua sin mayor bullicio con pequeños remolinos en su superficie signo de una profundidad considerable, Carlos se acerco a un lugar de la orilla donde un inmenso bloque de hielo caía como tobogán hacia el centro del cauce y desde allí como una gigantesca V salía otra tremenda plancha de hielo de unos treinta cm de espesor hasta la otra orilla.

Los ojos de Carlos brillaron con esa chispa de locura que anteceden al Ohia!!! tan temido por todos nosotros. Se subió al planchón de hielo aceleró, descendió el primer tramo encaró el ascenso y en la mitad de la subida el planchón se fracturo en varias partes pero llego a tierra firme sin problemas.

Para este entonces los demás estaban intentando encontrar otro cruce, observando en detalle el estado en que había quedado nuestro cruce se veía algo maltrecho pero no alarmante, la placa de descenso estaba entera y sin fisuras, incluso podía verse una porción respetable dentro del agua, la que estaba dañada era la ascendente, se había quebrado en seis bloques menores, con desniveles considerables entre porciones, pero de hecho la zona de fracturas estaba sobre tierra firme, pensé que quizá el inconveniente mayor estuviera en trepar los escalones de hielo que se habían formado, pero como la superficie del hielo no estaba lavada, supuse que con la doble conectada lo podría salvar sin problemas.

Le pase mi cámara a Agustín mientras Carlos tomaría fotos desde el frente, me subí al bloque hice un alto para la foto y baje, pensé en traccionar despacio al subir para que no se deslizara ninguno de los bloques, pero ya era tarde una fractura en la unión de los dos bloques creo un agujero del tamaño de quad, donde se perdió de cola, antes de cualquier reacción. Con los pies en los pedalines y la espalda en el bloque de descenso intente asegurarlo, fue un instante hasta que el chasis se afirmo en el borde del hielo que quedo y entonces dejo de hacer fuerza.

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El comportamiento de las botas fue fenomenal haciendo el análisis hoy de lo sucedido. Cuando pude incorporarme, ya había cerrado el contacto y el combustible, y conectado la batería independiente del guinche. Después de pararme y llegar a la trompa comencé a soltar el cable del malacate que Agustín se aprestó a anclar en el 300 de Carlos, hicimos varios intentos desde diferentes ángulos, pero el Foreman estaba literalmente atrapado en el hielo, Enrique que había cruzado por otro lado se sumo para formar parte con una linga al ancla que ya estaba pero el guinche se los traía a la rastra, se sumo también Germán sentándose sobre la parrilla trasera del 300 para darle mas tracción, así lo fuimos moviendo con hielo y todo en algunos momentos, en uno de esos avances se movió una placa haciendo que mi pie quedara fuertemente apretado entre los bloques de hielo y el chasis, nuevamente las botas se lucieron impidiendo el aplastamiento y torcedura del pie, lo subimos a fuerza de malacate hasta un ángulo lo suficientemente pronunciado como para que se vaciara la tubería de escape, ni hablar de la caja de herramientas ni la valija con las mudas de ropa y otros menesteres.

Unos minutos después le di arranque y escupiendo agua en cada embolada se fue limpiando hasta que dio signos de vida, arrancando y costándole por unos instantes sostener la marcha, luego recuperé el cable del malacate, y por sus propios medios subió el tramo faltante para llegar a pisar nuevamente tierra firme.

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Bueno esto había pasado, pero aun nos quedaba cruzarlo nuevamente un poco mas adelante, las zonas normalmente anegadas y pantanosas, nos resultaban tramos super pavimentados por el hielo, cuando teníamos a la vista la tranquera en lo alto de un cerro empezamos a buscar un nuevo cruce, nos detuvimos con Carlos frente a un lugar hermoso, era una cascada de hielo que venia desde lo alto en la margen opuesta a la nuestra, hasta la misma orilla, lo vistoso era el agua que corría por su superficie, en un deshielo alucinante en esa hora de la tarde, sobre la otra orilla se formaba un borbotón de hielo de superficie redondeada de unos 8 metros de largo y recién después algo de pasto.

Esta vez el puente de hielo era de una sola pieza y bastante mas angosto, un lugar donde no esta tan expuesto al sol, lo que nos daba la idea de ser algo mas firme. Carlos encaro, cruzo el puente de hielo, llego a pisar el borbotón de hielo el 300 perdió el curso por resbalamiento y se empezó a ir de cola hacia las negras y gélidas profundidades del chorrillo, yo lo observaba desde la orilla, y en un instante como si fuera un "Deja Vu" Carlos estaba empujando desde la cola del cuatri mas que empujando diría que estaban en puja dos fuerzas colosales como el bien y el mal, uno que quería que el cuatri se quedara quieto y el otro que lo quería tirar al agua, faltando no mas de treinta centímetros para que perdiéramos a Carlos, este afirmo su pie derecho sobre el único pastito que había a la vista en todo el hielo, Agustín salto a la otra orilla como el muchachito de la película y por un instante casi van los tres al agua, pero otra vez el pastito milagroso así llegaron German y Enrique y reagrupando fuerzas en una verdadera cadena humana consiguieron ponerlo a resguardo.

Después cruce yo, esta vez el hielo aguanto y conseguí parar sobre la parte alta del hielo que tenia una pendiente opuesta, casi aplastando a Carlos contra el cerro y de ahí lo lleve despacio hasta terreno de mayor adherencia. Agustín también cruzo por ahí, con un power slide muy vistoso, lastima que no sacamos fotos.

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Nos quedaba la ultima hondonada o cañoncito con un chorrillo complicado porque va de banda a banda y se lo cruza como 15 veces, y cuando no lo estas cruzando estas en terreno muy blando, por suerte salvo algunos lugares con pendientes pronunciadas el hielo nos favoreció hasta que salimos de ahí.

Luego venia el cruce y ascensos hasta llegar a cruzar una serie de tranqueras para llegar a la huella del Embudo y desde ahí al Dique y luego a casa.

No llegamos todos juntos pero si mas o menos al mismo tiempo, Germán tuvo salimiento de la cadena, Enrique tuvo que repostar combustible, etc.

Nota: Algunas de las bolsas Ziploc ( las que estaban bien cerradas) fueron estancas al agua, hay que considerar que el bolso que las contenía estuvo cerca de 20 minutos a unos 60 cm debajo del agua.


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